La xenofobia se fortalece y se manifiesta de distintas formas

NUEVA YORK - MADRID - BARCELONA-GÉNOVA
RICARDO VASCONCELLOS R. - JAIME CEVALLOS - PATRICIA VILLARRUEL - INDIRA DORA- REDACCIÓN.- El asesinato del inmigrante ecuatoriano José Lucero, cometido en la localidad de Patchogue, en el condado de Suffolk, Long Island (EE.UU.), el 9 de  noviembre del 2008, desencadenó un rechazo general entre la comunidad hispana en EE.UU.  y puso en evidencia el marcado sentimiento xenofóbico en esa nación.

Siete jóvenes que confesaron que salieron a "cazar mexicanos",  golpearon a  Lucero y lo mataron con una puñalada, mientras que  su connacional Ángel Loja  pudo escapar.

El 7 de diciembre de ese año,  cuando  la comunidad inmigrante aún no asimilaba lo sucedido con Lucero, otro ecuatoriano, José Sucozhañay, fue víctima de un nuevo ataque racial por parte de dos sujetos afroamericanos en  Brooklyn.

La víctima caminaba del brazo junto a su hermano Rommel cuando los individuos les gritaron insultos homofóbicos y racistas. Luego se bajaron del carro y golpearon a José en la cabeza con una botella de cerveza, un bate de aluminio  y puntapiés. Su hermano pudo escapar para llamar a la policía.

A partir del 2001, año de los atentados terroristas, Estados Unidos ha vivido una exacerbación del sentimiento antiinmigrante, orientado casi exclusivamente a la población latinoamericana y expresada en agresiones violentas, asesinatos, incendios de propiedades, proyectos de ley de tendencia racista, persecuciones, redadas, arrestos ilegales y deportaciones  de los indocumentados.

El diario The New York Times, en un editorial de febrero de este año acusó  al régimen  de George W. Bush de perseguir con más saña a los trabajadores  extranjeros sin papeles que al crimen organizado, en una campaña que llamó "desproporcionada y cruel".

Transafrican Forum, una entidad que monitorea las políticas raciales, señala que en EE.UU. existen  89 millones de inmigrantes, de los cuales el 65% es de América Latina y el Caribe y 17 millones de ellos no tienen "papeles" migratorios.

Para Fabián Romo, abogado, miembro de la Cámara Mundial del Inmigrante Ecuatoriano y de la Asociación Azogues-Nueva York, "la intolerancia a los inmigrantes va creciendo".  Walter Sinche, de Alianza Ecuatoriana Internacional cree que "la xenofobia seguirá en aumento mientras no se cambie la política y las leyes de EE.UU. y eso solo se conseguirá si  lo exigimos de manera organizada".

No son nuevos los hechos registrados en EE.UU., pero sí son los más graves entre la comunidad inmigrante ecuatoriana asentada en ese país, en España e Italia, adonde más emigra  la población ecuatoriana.

En octubre del 2007,  causaron conmoción social las imágenes del ataque a una menor ecuatoriana en un tren de Barcelona (España)  por parte de un español que la patea mientras le lanza insultos racistas, delante  de otro inmigrante argentino que  evade la mirada.

Pocos meses después, en agosto del 2008, en Madrid comienzan a circular por internet las imágenes del feroz ataque de una jovencita española contra otra niña ecuatoriana.  El video es captado por amigas de la agresora que entre risas y  a la voz de ¡mátala, mátala!, la incitan a que siga golpeando a la connacional. 

El caso más reciente en España ocurrió el pasado 24 de mayo, en la capital, cuando Mónica Llumiquinga y su familia fueron agredidos por sus vecinos.

La violencia no es la única cara de la discriminación.  SOS Racisme Cataluña dice que asistimos a la consolidación de un racismo social, caracterizado por las "campañas xenófobas del Partido Popular".

El racismo tiene rostros anónimos. Uno de ellos es Wilson Rivera, ecuatoriano residente en Barcelona que el 20 de enero pasado  fue "héroe" al salvar a una mujer que era apuñalada por su novio español y se convirtió en "villano" cuando se reveló una queja en su contra  por un supuesto maltrato doméstico. "Se aprovecharon de mi calidad de inmigrante para denigrarme.  La otra persona que ayudó a la chica  tiene antecedentes por maltrato y de él nada se dijo porque es español".

Los niveles de impunidad son elevados porque España carece de un registro de ataques de tintes racistas. Las estimaciones del Movimiento Contra la Intolerancia hablan de unos 4.000 incidentes al año.

En Italia los ecuatorianos también sienten el desprecio por ser inmigrantes.
"Nos miran con desconfianza al entrar a un negocio o al autobús", dice Roberto Bermúdez, residente en Génova. Madres que litigan por  recuperar o mantener la custodia de sus hijos procreados con italianos, sostienen que han sentido un trato discriminatorio en sus procesos.

"Italia está tomando una peligrosa vía racista",  dice  Amnistía Internacional.