Escuelas nocturnas con carencias y pocos alumnos, en análisis

Carmen Palma divide el pizarrón para distribuir en un solo paralelo las tareas a 35 niños, adolescentes y adultos de segundo y tercero de básica. “Es difícil porque se trabaja entre carencias. No nos han llegado aún los libros y la mayoría de alumnos no tiene ni siquiera para un lápiz o un cuaderno”, comenta esta maestra de la escuela nocturna Alonso Veloz Malta, en la cooperativa Polo Sur, en la isla Trinitaria.

Esta escuela es una de las 28 que funcionan en Guayas que aún mantienen abierto el proceso de matriculación con el objetivo  de captar alumnado que en algunos planteles apenas alcanzan a 50 o 60. En otros, 80 y unos cuantos un poco más de 100.

La subsecretaria regional de Educación, Mónica Franco, anunció que esta semana solicitará a la supervisión que realice un diagnóstico de estos planteles para conocer sus necesidades y requerimientos.

Hasta hace tres años eran 120 escuelas en la provincia. La reducción se dio luego de un estudio de los planteles de nivel medio nocturno que efectuó, en el 2006, la Dirección Provincial de Educación del Guayas.

Esto tras la jubilación voluntaria de 1.079 docentes en el 2005 que se acogieron a la ley (Registro Oficial del 10 de septiembre del 2002 y cuya ley interpretativa del art. 1 de esta ley se publicó el 22 de abril del 2003) que creó una compensación para los educadores nocturnos que se separaran voluntariamente. En Guayas unos 430 docentes se retiraron.

“Son los planteles que aún sobreviven”, comenta Bolívar Potes, director de la escuela Alonso Veloz Malta y presidente del Frente Unionista de Trabajadores de la Educación del Ecuador (FUTE). Él se queja de la desatención por años a los planteles nocturnos que no han sido considerados en el Programa de Alimentación Escolar (PAE).

Una necesidad que se expuso la noche del pasado viernes durante una asamblea convocada por la Unión de Educadores Nocturnos (UEN), en la escuela Olga Peralta, donde además se trató la falta de partidas de conserjes, de maestros especiales y de un supervisor nocturno.

Además, de la actual reubicación a un plantel vespertino de 22 niños de segundo año de básica de la escuela nocturna Ermel Aguirre González, en el bloque 4 de Bastión Popular, tras la visita sorpresa del pasado 6 de abril de Franco, quien halló a infantes de 6 y 7 años.

“La mayoría son hijos de padres que trabajan y que deben quedarse al cuidado de la casa hasta que ellos lleguen y juntos (padres e hijos) van a la escuela”, dijo Eduardo Vega, director de este plantel que tiene 174 alumnos y que no le afectará el retiro de los menores.

La escuela Antonio Neumane, en Lizardo García y la A, también cuenta con alumnos pequeños como Jeremy, de 8 años, que trabaja en la mañana en una mecánica y en la noche recibe clases en tercer grado. Acude con su abuela Eny Angulo, de 61 años, quien estudia en el séptimo de básica.

“Son niños trabajadores o rezagados de las escuelas matutinas o vespertinas que han encontrado una oportunidad para estudiar”, dice Julio Rendón, director de este plantel que tiene unos 70 alumnos aunque la asistencia es irregular.

Franco considera que no es pedagógico que menores de 5 a 6 años estudien de noche. “No está prohibido, pero la educación nocturna fue creada para solventar la necesidad de trabajadores adultos”.

La funcionaria agrega que los planteles nocturnos sí han sido considerados en la entrega de los libros y que en, algunos, casos los maestros son los que no realizan ningún requerimiento. “Llevo dos años, 4 meses y no he tendido una sola petición de escuelas nocturnas”, dijo.

“Hay escuelas donde las jornadas de funcionamiento en los barrios urbanos marginales no son controladas y se incumple con horas determinadas en el reglamento”, señaló la funcionaria al indicar que esto se abordará en el análisis.

Una problemática que fue reconocida durante la asamblea de maestros nocturnos que resolvió, entre sus acuerdos, solicitar audiencia con Franco.

La falta de seguridad es otro problema. Esto impide captar más alumnado como en la escuela César Estupiñán Bass, en la coop. Santiaguito Roldós, en Fertisa. La oscuridad y los pandilleros dificultan el acceso. Unos 50 alumnos reciben clases de segundo a séptimo de básica en 2 aulas. La directora y un maestro se dividen las clases.

Francisco Cantos, director de UEN y maestro de esta escuela, dice que la creación sin control de centros de capacitación que ofrecen en un año terminar la primaria los ha perjudicado.

Pero también hay otros planteles donde la situación es distinta. Cuentan con gran demanda como la escuela sin nombre de La Prosperina, que tiene 130 alumnos. “Hay mucha necesidad y la nocturna es a veces la única opción”.

Detalles: Planteles
García Moreno, Huancavilca, Camilo Destruge, Alejandro Játiva Martínez, Lauro Dávila, Pedro J. Menéndez Gilbert, Dra. Elena Maridueña Piza, América Chiquito Parrales, Lusitania Avilés Ricaurte, Unión Nacional de Periodistas, Ángel Véliz Mendoza, Olga Peralta Valarezo, Pastora Balseca de Posligua, Lcdo. Eduardo Sotomayor Espejo, Ermel Aguirre González, Unión de Educadores Nocturnos, Miguel Letamendi, Estados Unidos, Antonio Neumane, Humberto Freire Naranjo, Eduardo Castro Ortega, Ab. Luis Alfredo Malavé Malavé, Dr. Víctor Hugo Sicouret Pazmiño, Dr. César Estupiñán Bass, Lcdo. Gonzalo Sánchez Bayas, Alonso Veloz Malta, María del Rosario Almeida, Sin Nombre.

Textuales: Educación
Mónica Franco,
subsecretaria de educación
“En los dos años cuatro meses en el cargo, no he recibido ninguna petición de planteles nocturnos”.

Juan Cedeño,
maestro nocturno
“Es una necesidad para el alumno que trabaja en el día y que quiere superarse y mejorar su vida”.