Por: Otón Chávez
email: ochavez@parquedelapaz.com

El mundillo de los deportes no descansa, ni en vacaciones. Cada fin y comienzo de temporada, se inicia el chismorreo de quienes se van y quienes se quedan. Eso para todos los deportes y en todas partes del mundo.

A manera de ejemplo, todos los días no enteramos sobre un deporte como el béisbol, en Estados Unidos, y de las salvajes cifras por transferencias y contratos. En el fútbol latinoamericano y europeo ni se diga. Miren cómo estuvo la aparente negociación de Antonio Valencia al Real Madrid, “que aquí lo puse y no lo encuentro”.

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Nuestro fútbol no está al exento de ese volumen de informaciones y noticias, a veces ciertos, a veces falsas. Pero el cotorreo no falta. Por ejemplo, el año pasado Barcelona dio el campanazo de, por primera vez en la historia de nuestro fútbol, adquirir 17 jugadores nacionales de un solo golpe. Ya en el 2009 los toreros han bajado los decibeles. Tienen un buen parque de jugadores y le faltaría la recontratación de Jorge Guagua y uno o dos foráneos.

Este año Emelec apunta alto, con 13 nacionales nuevos y tres foráneos y todavía le falta el último internacional. Hay noticias también del resto de equipos porque quieren mejorar para este 2009.

En todo este aquelarre de cambios, bajas y nuevas contrataciones juegan un papel muy importante los agentes o representantes de futbolistas. Ellos son los que se pueden convertir en los arquitectos de algún equipo y también en la tragicomedia de los fracasos.

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¿Por qué? A manera de ejemplo, cada agente o representante anda a la caza de jugadores que incluso se están formando en las divisiones juveniles de los equipos de todo el país. Ellos (los agentes), o por interpuestos personajes, miden el rendimiento presente y futuro de un prospecto y se ofrecen a representarlos; si se concreta el tutelaje comienzan las recomendaciones para probar al elemento en diversos equipos con perspectivas de compra.

Si el jugador pasa de juvenil a primera categoría comienza la subasta de valores y se ofertan por aquí y por allá; que si se vende, que si se presta, pero los contratos van de temporada completa o préstamos por tanto tiempo. El futbolista que está siendo observado tiene un rendimiento es aceptable, renueva; si es óptimo, viene la renegociación o es ofrecido para otros traspasos; si es malo, se lo ofrece a equipos de más bajo perfil, porque ningún jugador actúa igual de un equipo a otro;  o mejora o desmejora. ¿Por qué?; porque es un deporte de conjunto y se encuentran con distintos compañeros.

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Los agentes ofrecen y negocian con los dirigentes y el manejo de las comercializaciones son muy creativas, dignas de verdaderas proezas, pero ya entrar a estas definiciones queda claro podemos caer en especulaciones fuera de contexto.

Hay que decir algo: también entre los agentes hay dirigentes de equipos (especialmente del exterior) porque es muy buen negocio representar a un jugador exquisito. Representa una joyita que puede pasar de mano en mano y cada traspaso significa más comisión para el agente y el jugador.

Llegado a este punto solo se ha bocetado el tema, que es profundo y escamoso pero lo que resulta inevitable es que en esta feria de ofertas y demandas de jugadores no se habla jamás del amor a la camiseta porque eso ya pasó de moda. Sino pregúntenle al dirigente de Liga Esteban Paz el lío que se le está armando con Damián Manso.

Liga firma un contrato con el jugador hasta el 2010; los albos, por su ultima presentación copera dieron a conocer mundialmente a Manso. Y jugó bien (y debe jugar bien porque para eso se le paga); ahora  su agente quiere renegociar su contrato con los azucenas o venderlo a otro equipo. El dirigente acusa al empresario de  buscar su “beneficio personal por encima  de Liga y del jugador”.

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Para terminar, los que nunca pasan de moda son los hinchas, el verdadero amor de cada club y su activo más importante. Todo lo demás es transitorio.