lunes 13 de octubre del 2008 Columnistas

Derechos de la naturaleza

Ecuador es el primer país en proclamar constitucionalmente los “derechos” de la  naturaleza. ¿Cuál es el contenido de estos derechos?

-Respeto de su existencia.

 -Respeto de sus ciclos vitales, para que estos no sean alterados por agresiones humanas. -Respeto de la regulación de la composición de la atmósfera y de la temperatura, por las que la tierra pueda ser soporte de vida y de desarrollo sostenible.

¿Cuáles son las causas del irrespeto, que está dificultando a la tierra el ser cuna de vida y hogar de crecimiento armónico? 1) Un concepto de derecho, desligado del correspondiente deber. 2) La idea  pagana, anticristiana de propiedad sin hipoteca social, como facultad de usar y de abusar. 3) Entender el poder y la autoridad como derecho de servirse de los otros y no como llamado a servirlos. El derecho de considerarse fuente de derechos.

Históricamente hay pasos hacia el reconocimiento de derechos: -El reconocimiento de la personalidad y, en consecuencia, de la libertad del esclavo. -El reconocimiento de la igual dignidad de la persona de la mujer y de los derechos correspondientes a su identidad  y funciones específicas. -La señalización de derechos a entes anónimos de diverso tipo.  Notemos que en todos estos reconocimientos está como sujeto la persona humana. La naturaleza no es persona.

Preguntémonos: ¿Se da solución al problema del irrespeto, estableciendo “derechos” de la naturaleza? ¿Puede esta ser sujeto de derechos y de las correspondientes obligaciones?

Una cosa es normar la obligación de las personas humanas de respetar la naturaleza; otra es establecer “derechos” de la naturaleza.

Sin la corrección de las causas del irrespeto habrá solo declaración, no solución. La corrección pasa por una educación humana integral.

Junto a la buena intención de muchos asambleístas hay en algunos un rescoldo de panteísmo, opuesto a la sabiduría judeocristiana.

Las imágenes del Génesis (1,26 y 2,20) nos dicen que el ser humano es al mismo tiempo hijo de la naturaleza y señor de la misma. La revelación nos descubre que la Tierra es la capital del universo y que la humanidad es su corona (carta de Pablo a los Colosenses 1,15).

No se puede negar el influjo histórico de la sabiduría judeocristiana en la superación de la esclavitud, en el reconocimiento de la igualdad en dignidad y del derecho de dar su aporte específico a la sociedad entre el varón y la mujer. La sabiduría judeocristiana invita a que el señor no sea dominador ni explotador, sino servidor; invita a una vida solidaria, no solo con los seres de hoy sino también con los de mañana; señala que el derecho de propiedad tiene una hipoteca social.

Las leyes son importantes en el progreso de los pueblos; pero mucho más importante es la educación integral, la toma de conciencia de la propia dignidad, de derechos y deberes.

Aun al margen de las enseñanzas de fe, reducir al hombre y a la mujer a una más de las cosas de la naturaleza les priva del indispensable aliento de lo infinito.
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