jueves 11 de septiembre del 2008 Columnistas

Las madres y la política

El arquitecto Fernando Cordero es un político activo del Ecuador que llegó a tener especial protagonismo durante los últimos meses en razón del papel que ha tenido que cumplir como Presidente de la Asamblea, especialmente por permitir el tratamiento atropellado de los textos del proyecto de Constitución, que recordó nuevamente a la vieja partidocracia que dice combatir.

También ha tenido especial protagonismo por haber decidido “congelar” el informe de la Contraloría General del Estado  hasta después de las elecciones y que, según ha trascendido, conlleva explícitos indicios de irregularidades administrativas que se habría suscitado en la Asamblea de Montecristi y que salpicaría a algunos ex asambleístas de Alianza PAIS.

A la par, enfrenta serias acusaciones sobre posibles alteraciones del texto de la Constitución, que lo han llevado incluso a rendir su versión ante el señor Ministro Fiscal General del Estado. Precisamente, las últimas denuncias sobre la alteración de textos, lo mantiene en un enfrentamiento verbal con el abogado León Roldós. Fruto de las acusaciones vertidas, incluso ha señalado que a raíz de esa acusación su madre cayó enferma, censurando, de este modo, que se le impute una conducta irregular.

Lamentablemente, los políticos están expuestos al escrutinio público de forma mucho más exigente que los ciudadanos comunes. Esta mayor rigurosidad tiene su explicación en que, imbuidos del poder que ostentan, sus conductas trascienden del ámbito estrictamente privado y por ello, su actuación está en la mira de todos.

¿Le ha molestado al arquitecto Fernando Cordero alguna frase especialmente enérgica que lo ha tenido como destinatario? Revisando las publicaciones de la web de la Asamblea Constituyente, he encontrado que hace meses, a propósito del conflicto con el asambleísta Logroño y de los sucesos con Colombia, señaló que “no se trata de ser ni perros de Uribe, ni, en este caso, encubridor de mentirosos”. Señaló también, refiriéndose en general a la oposición, que “ellos tienen desde los primeros días varias estrategias- para desestabilizar la Asamblea, para comprar la Asamblea, para comprar asambleístas”. En estos casos, parecería ser que al señor Cordero no le inquietó en lo más mínimo la salud de las madres de los agredidos con sus adjetivos y por supuesto, parecería que tampoco le importó lo que las madres sentirían cuando sus hijos fueron llamados “perros”.

Lamentablemente, la política ejercida en el Ecuador tiene desviaciones, esto es indudable. Pero lo que no tienen derecho a hacernos creer algunos políticos es que ellos son impolutos, intachables y santos, incapaces de ofender a nadie. Parece que el arquitecto Cordero no está al tanto de los cientos de calificativos que utilizan sus coiderarios  para ofender a cuanto ecuatoriano se les cruza por el camino. ¿Por qué en esos casos el arquitecto Cordero no se preocupa del dolor de las madres de los  ecuatorianos ofendidos permanentemente? ¿No le importa el dolor de la madre del emigrante cuyo hijo fue tratado en España como idiota? ¿No le importa el dolor de la madre de la “gordita horrorosa”? ¿O es que acaso piensa que únicamente su madre sufre como consecuencia de la política?

¡Qué vergüenza que políticos activos deban mentar a sus propias madres para tratar de descalificar a sus opositores, haciéndolos aparecer como los malos y perversos!
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