Domingo 31 de agosto del 2008 El Gran Guayaquil

María Rosa Véliz cultivó los valores familiares con la fe

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María Rosa Véliz tiene un cofre de recuerdos en el que guarda ‘celosamente’ sus objetos preciados. “Ella siempre ha sido muy cuidadosa con sus cosas”, afirma uno de sus nietos.

Rosa María Véliz Cruz de Farfán nació en Guayaquil el 30 de agosto de 1908. Un derrame cerebral le restó algo de su movilidad y su capacidad de locución, pero eso no le impide desenvolverse con normalidad en su hogar y departir con sus hijos y nietos, y comer casi de todo.

Sus actividades favoritas: escoger el arroz cuando su familia prepara el almuerzo y sentarse a leer el periódico, diariamente  sin lentes.

Viuda de Ignacio Véliz Gordillo, un comerciante mayorista de ganado, apenas se casó llegó desde su antigua barriada de las calles Bolivia y Lorenzo de Garaycoa (El Astillero) al naciente barrio Cuba, del que se considera fundadora y pionera de su desarrollo.

Con orgullo comenta que su hija Domitila Julieta Farfán Véliz fue la primera reina que tuvo ese tradicional sector sureste de la ciudad.

 Rosa María Véliz expresa felicidad al mostrar la amplia sala de su chalé ubicado en la avenida Domingo Comín entre Chambers y Limbert. Allí, entre esas acogedoras y frescas paredes de madera, ella pasa sus días en medio de recuerdos y el cariño de su familia, que está atenta a lo que ella necesite.

“Es muy católica, le gustaba ir a Nobol para visitar a Narcisa, y  a Yaguachi por San Jacinto; aún la llevamos a misa a la iglesia María Auxiliadora”, dice su nieta Julieta, quien sostiene que a su abuela le gusta arreglar todos los años el balcón de la casa con  la imagen de Cristo Rey.

Su hijo Alberto Jerónimo comenta que su mamá no ha sido enfermiza y que sus cinco partos fueron normales, sin cesárea. También afirmó que come de todo y muestra gran preferencia por el queso, el pescado y el pavo; “para ella no hay fiesta si no hay pavo”, y añade que en sus onomásticos, los 30 de agosto,  bailó mucho y que uno de sus asiduos invitados fue Armando Romero Rodas, el fallecido director de radio  Cristal.

Otros parientes indican que a Rosa María le ha caracterizado un carácter bonachón, sin embargo, cuando ha tenido que llamar la atención por algo indebido lo ha hecho con firmeza.

“Aunque mi abuela mostraba contrariedad y criticaba las    nuevas modas de vestidos que veía a su alrededor, poco a poco se volvió tolerante con las novedades; igual ocurrió con las letras de las canciones que  escuchaba”, dice su nieta, quien constantemente la acompaña. 

Todavía suele escuchar los valses criollos peruanos de su predilección, que antes sintonizaba por radio  América,  o a través de las emisoras  Cóndor  y el programa de Anita Huancayo o Cristal, que aún reclama por las noticias y comunicados.

Sus familiares (dos hijos, cinco nietos, doce bisnietos, seis tataranietos) junto con allegados y amigos tenían previsto acompañarla ayer a una misa de acción de gracias por sus 100 años en la iglesia de María Auxiliadora y después a una fiesta en el salón de eventos de la Casa Rosada, donde se iban a escuchar canciones, discursos y recuerdos. PÁGINA 2B
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