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Las tres brujas: Alegorías, invocaciones y apropiaciones de lo ajeno |
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| Gabriela Chérrez (i), Lorena Peña y Graciela Guerrero mueven símbolos, conflictivamente a ratos, cotejando la opinión o el sentir ajeno. | | |
| Agosto 20, 2008
María Inés Plaza Lazo para EL UNIVERSO
En la galería dpm exponen desde hoy María Gabriela Chérrez, Graciela Guerrero y Lorena Peña.
La actual generación de mujeres artistas no es como las primeras feministas; la crítica y el mensaje no se encuentran en una queja, ni se aíslan para representar y representarse a sí mismas. Todo lo contrario.
La muestra Imágenes retro, arte de infieles, que se abre hoy, a las 20:00, en la galería dpm (Circunvalación Sur 111-A y V.E. Estrada.) y estará expuesta hasta el 16 de septiembre, reúne la obra de tres artistas jóvenes que pretenden aproximarse a los rincones inestables de un contexto social como es el local. Logran con este medio expandir, liberar y violar las normas que lo dominan al querer representar, descuidadamente, los valores de la memoria colectiva.
Con la ayuda del curador Rodolfo Kronfle Chambers, quien encontró motivos que podrían vincular las obras que en particular difieren en sus discursos, María Gabriela Chérrez (25), Graciela Guerrero (25) y Lorena Peña (23), se posicionan imparciales entre el escándalo y la indiferencia, que caracterizan actitudes que la mayoría de personas tienen frente a la religión, el erotismo y los rastros de estructuras añejas de la ciudad.
Ellas hurgan en imaginarios que ya conocemos y proceden con el tránsito de los mismos desde la ciudad al cubo blanco, intención que se concentra en la obra de Guerrero para señalar los ciclos de apropiación de las imágenes manifiestas más allá de las intenciones artísticas. En sus Inventarios (2008), ángeles y demonios enlistados preexistentes en los cementerios, quita la devoción que rodea estos símbolos religiosos para insertarlos en el sistema del arte. Peña escoge las ruinas de casas como Villa Rosita, y baña a esta en escarcha y pasteles, contradiciendo su deterioro en medio de las telarañas de la ciudad y desconcierta al espectador con su mirada escéptica a los maquillajes de la regeneración urbana.
Chérrez se apropia de los cómics pornográficos de generaciones anteriores y demuestra, con esmalte de uñas sobre baldosas, que mujeres tan voluptuosamente descritas en aquellas historietas salidas del puño machista, invierten en su obra el rol del cuerpo femenino: ahora son esas mujeres no una simple fantasía del hombre, sino el gesto de empoderamiento total de su propia sexualidad.
Las tres han sido vistas y premiadas en algunos de los salones y festivales municipales, donde el aspecto competitivo de las mismas, no han dejado de ver lo que se presenta hoy: una exploración descontaminada de las propuestas de cada una, con la única ambición de preguntar de manera más precisa al sujeto, cómo se confronta a las ambivalencias del bien y el mal, lo nuevo y lo decadente, el pecado y lo divino.
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