Recién los pueblos que conforman la comunidad internacional empiezan a hablar de “soberanía alimentaria y energética”, pero no hicieron caso de la alerta de la crisis alimentaria surgida hace dos años, haciendo multiplicar hoy las conferencias con carácter urgente.
La Biblia hace referencia a la hambruna como uno de los “Cuatro caballeros del Apocalipsis” y según la ONU, la actual es una de las peores en la historia de la humanidad. Buscando un sentido a esta catástrofe sabemos que 900 millones de personas se encuentran en estado de total desnutrición, ¿por qué entonces apenas el 4% de la ayuda al desarrollo se destina a la agricultura en los países pobres, dando como resultado el éxodo hacia las ciudades? Sangrientos motines en África, Asia, Haití y Egipto, muertes de niños en Pakistán por falta de medios para alimentarlos, colas de gente durante horas para recibir una ración de pan en barrios miserables de El Cairo, son secuelas de esta crisis.
Recién los pueblos que conforman la comunidad internacional empiezan a hablar de “soberanía alimentaria y energética” pero no hicieron caso de la alerta de la crisis alimentaria surgida hace dos años, haciendo multiplicar hoy las conferencias con carácter urgente: el 28 de abril en Berna el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y dirigentes de la Organización Mundial del Comercio, Banco Mundial, FAO, el FMI y otros, aunaron esfuerzos para trazar un plan de acción inmediato a fin de combatir esta hambruna. Del 24 al 25 de junio el ex secretario de la ONU, Kofi Annan, creador del reciente Foro Humanitario Global, cuya prioridad es el calentamiento global por su repercusión evidente en la agricultura y en la gente y por su aumento inquietante, convocó a una conferencia mundial en Ginebra, enfocando lo que Annan llama “el rostro humano del cambio climático”. Asimismo, en la agenda actual de los G-8 en Japón, la crisis alimentaria y calentamiento global, desastre de origen humano, tienen prioridad. Hoy voces se levantan para pedir que cesen los discursos y compromisos que suelen olvidarse en el camino, para dar paso a la acción.
Explosión demográfica, transformación masiva de alimentos en hidrocarburos, manipulación especulativa de productos agrícolas, responsable del 30% de la explosión incontrolable de precios (estos dos últimos considerados como crímenes contra la humanidad por el escritor-filósofo suizo Jean Ziegler, ex relator del Programa Alimentario Mundial de la ONU), son varias de las otras causas de la catástrofe humanitaria. Jacques Diouf, director de la FAO, no esconde su inquietud frente a esta especulación; el trigo o el arroz dejaron de ser exclusivamente agrícolas para ser considerados como productos financieros con un incremento de 65% en apenas un año, habida cuenta que la crisis de subprime los ha convertido en nuevos valores especulativos.
Mientras las finanzas se agitan, al mismo tiempo se nos aparecen esas terribles imágenes de niños y ancianos descarnados reducidos casi al estado de cadáveres. Las cifras del año pasado nos muestran que cada cinco segundos un niño de menos de 10 años moría de hambre y 100.00 personas fallecen todos los días por la misma causa.
“Es inadmisible que vivamos en un mundo donde por un lado el progreso permite enviar satélites al espacio, y por el otro, millones de hombres, mujeres y niños mueren de hambre”, manifiesta Ziegler.
Para solucionar la hambruna, la multinacional Nestlé propone el proceso de organismos genéticamente modificados (OGM) pero en este caso, las multinacionales agroalimentarias tendrían control absoluto sobre la nutrición del planeta y por otra parte, ¿qué sabemos de los daños irreversibles que los OGM puedan causar a la salud?
La grave situación actual me llevó a evocar Sol verde (Soylent green), una película de los años setenta de carácter premonitorio, cuya trama se desarrolla en el 2022 en la ciudad de Nueva York cubierta de un lúgubre esmog amarillo que había invadido todo el planeta. Clásico de ciencia ficción, es quizás uno de los más pesimistas y sombríos que se han realizado jamás; nos sobrecoge la visión de un mundo parecido a la muerte donde los recursos naturales han sido agotados por el hombre y donde todos viven en el terror. Como documento audiovisual profético, alude a problemas actuales tales como sobrepoblación, violencia urbana, desaparición de especies animales, desertificación, polución, crisis alimentaria, motines por la hambruna, alimentos genéticamente modificados, manipulación de las multinacionales. Punto focal del filme es Soylent Company, una imaginaria multinacional agroalimentaria que produce unas macabras tabletas para saciar el hambre llamadas “soylent green”.
Sol verde, cualquier semejanza con la vida real… es real.






