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El candidato demócrata sopesa el contraataque

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Obama ha adoptado un estilo formal pero confiado.
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Junio 08, 2008

Por MICHAEL POWELL | CATARATAS SIOUX, Dakota del Sur

En opinión de Barack Obama, su oponente se equivoca con la guerra de Irak y se equivoca en que la economía está enferma, vamos, una copia de George Bush presentándose a lo que equivale a un tercer mandato.

“Éste es el tipo que decía que yo no tenía ni idea de los asuntos internacionales”, dice el senador Obama, y añade: “John McCain defiende una guerra que no tiene nada que ver con el 11-S. Estaba equivocado y estaba equivocado respecto a la cuestión más importante a la que se enfrenta nuestro país”.

La gente se levanta para aplaudirle y vitorearle.

Obama se remodela a sí mismo como demócrata partidista. No es una transición del todo fácil para un candidato que hasta ahora, en su carrera hacia la presidencia, ha procurado dejar claro que está por encima de las diferencias partidistas.

McCain, el candidato del Partido Republicano, no ha dejado de atacar a Obama con la política exterior y una y otra vez lo tacha de inexperto en la materia.

Algunos de los puntos de Mc- Cain, entre ellos su crítica contra las declaraciones anteriores de Obama en las que aseguraba que se reuniría con líderes de naciones enemigas sin condiciones previas, eran versiones más duras y amplificadas de las embestidas contra Obama protagonizadas por su rival en el Partido Demócrata, la senadora Hillary Rodham Clinton.

Los sondeos muestran que McCain le saca ventaja a Obama cuando la pregunta es quién tiene mayor experiencia y quién sería más eficaz en la lucha contra el terrorismo.

Pero no está claro cuánta delantera tendrá, ya que los problemas económicos han superado a la seguridad nacional como principal preocupación de los electores.

Además, en un sondeo de opinión llevado a cabo a mitad de mayo por Gallup, la mayoría de los estadounidenses opinaba que era una buena idea que el presidente se entrevistara con líderes de países considerados enemigos. 6 de cada 10 creían que sería una buena idea que se entrevistara concretamente con el presidente de Irán.

Obama sopesa sus contraataques a McCain. A pesar de sus marcadas diferencias, proyecta una imagen de confianza y de candidato pospartidista.

“Obama es un tipo muy serio cuyo tono, comportamiento e identidad son bastante estrictos y eso está bien”, comenta Hank Sheinkopf, asesor del Partido Demócrata. “La primera regla en política es que si algo no está roto, no lo arregles”.

Obama, que lanza sus ganchos políticos con mucha educación, recuerda a la audiencia que McCain es un héroe de guerra y que honra su servicio. Cuando se le pregunta sobre la incorrecta afirmación que hizo McCain de que el número de tropas estadounidenses está en el mismo nivel que antes del refuerzo, agita la mano en un gesto magnánimo y responde que todo el mundo comete errores.

Pero enseguida lanza el golpe. “El problema es que McCain no puede reconocer que metió la pata y esa película ya la hemos visto”, decía en un mitin en Montana. “Al igual que George Bush, John McCain se niega a admitir un error”.

Sus asesores sostienen que esos comentarios no son señal de un cambio a un estilo más partidista. “No considero que eso sea partidismo”, comenta Robert Gibbs, director de comunicaciones de Obama, “sino una diferencia de filosofía”.

Sigue siendo un orador emotivo, y tiene tres o cuatro historias que cuenta una y otra vez y además muy bien. Pero a pesar de su oratoria —es capaz de hacer llorar a los que escuchan y arrancarles gritos—, no es un político sensiblero.

En lo que respecta a su manera de vestir, está como al principio: estudiadamente formal. Cuando hace poco visitó el Monte Rushmore, paseó en la oscuridad con gabán y corbata. Hay una buena razón por la que un candidato debe cuidar su imagen. Como Obama, de 46 años, joven comparado con la media en la política presidencial, el estilo formal le da severidad.

Sin embargo, un domingo en Dakota del Sur, se lo vio con las mangas de la camisa enrolladas.

Mencionó a un senador que fue héroe de guerra, pero que apoyó la suspensión del impuesto federal sobre la gasolina durante tres meses, y eso sólo para complacer. “Es un truco, ¿vale?”, dijo. “Es para que un político consiga llegar hasta las siguientes elecciones”.


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