sábado 24 de mayo del 2008 Columnistas

Crítica a un prejuicio

En mi columna del 1 de diciembre de 2007 (‘Razones para la unión homosexual’) mencioné el apoyo que el arzobispo de Guayaquil, Antonio Arregui, otorgó a la unión de parejas homosexuales cuando declaró en la edición de Diario Expreso del 5 de noviembre de 2007 que el membrete “matrimonio” era lo que realmente lo incomodaba: “Que arreglen con alguna fórmula legal el problema de la convivencia, la unión libre, por ejemplo, pero no cabe que se institucionalice con el sacramento matrimonial”. La propuesta que la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (que Arregui preside) remitió a la Asamblea Constituyente confirmó este apoyo: “la unión estable de una pareja, sin que importe su sexo u opción sexual, generará los derechos u obligaciones que reconozca la ley”.  Podría afirmarse, sin faltar a la verdad, que la postura que defiende el arzobispo tanto en lo personal como en lo institucional, es inequívoca.

Y sin embargo en una entrevista que publicó Diario EL UNIVERSO el 4 de mayo de 2007 declaró que la redacción de la propuesta de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana era “un poco desafortunada” y afirmó que la interpretación que se hizo de ella era una “penosa confusión”; dijo frases como que la homosexualidad es “antinatural” y “aberrante” y expresó su fobia a la unión homosexual; finalmente, comparó el acto homosexual con la comisión de un delito. Estas opiniones merecen discusión y discrepo con ellas en los siguientes términos.

1) Toda persona tiene derecho de profesar y divulgar su religión, pero ninguna (sí, ninguna, ni siquiera los creyentes en la religión de la mayoría) puede pretender, en una sociedad democrática, que el Estado nos imponga los dogmas de su religión. Toda persona tiene, por supuesto, el derecho de expresar sus argumentos  pero, en un debate público serio y robusto, este tipo de argumentos que consideran a la homosexualidad “antinatural” o “aberrante” no merecen crédito y tienen que ceder ante las conclusiones de la ciencia. La homosexualidad, para decirlo en breve y con referencia a autoridades como la Asociación Americana de Psiquiatría y la Organización Mundial de la Salud (entre otras y que, en este punto, entiéndaselo bien, son mucho mejores referencias que los textos sagrados) no es ninguna enfermedad ni ninguna desviación sino, simple y llanamente, una orientación sexual, para todos los efectos tan natural como puede serlo la orientación sexual heterosexual.

2) La comparación del acto homosexual con la comisión de un delito es una torpeza: no debe resultar difícil comprender que en el caso de un delito existe un daño que se le causa a otra persona, mientras que en el caso de la relación homosexual no existe daño a otra persona sino simplemente el consenso de dos personas en capacidad de dar su consentimiento.

Finalmente: el reconocimiento de la unión de hecho de los homosexuales, visto sin prejuicios, constituye un importante avance en la creación de una sociedad más incluyente y democrática.
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