Labores. Pablo de Santis publicó otras novelas, ha sido guionista de historietas y está escribiendo una película.

A Pablo De Santis (Buenos Aires, 1963) siempre le gustaron las novelas policiales. Al protagonista de su novela, Sigmundo Salvatrio, siempre le gustaron los rompecabezas. Las obras de este género, de escritores como Agatha Christie, Chandler o Hammett, le permiten al autor de El enigma de París, novela ganadora del premio Planeta-Casa América, trabajar en la construcción del misterio para que Salvatrio, el aprendiz de detective, lo resuelva; para que él encuentre esa pieza faltante en el rompecabezas de su libro.

De Santis sabe que detectives como los de su novela (no uno, sino doce) no existen, se encuentran absolutamente fuera de lo real, y de seguro lo están: piensan que los asesinos son artistas; y ellos, sus críticos. Salvatrio soñaba con esos detectives que “entran al mundo de las apariencias para descubrir la verdad bajo las pistas falsas y la mirada ciega de la costumbre”.

De Santis es de aquellos autores que no cree en la inspiración. Y más aún a la hora de construir una novela policial: no caben en ella puntadas sin hilo, así que, antes de escribir, piensa en una estructura, escribe un borrador a mano y luego lo pasa a la computadora; corrige mucho, porque en la corrección está la clave de escribir.

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Lo primero para El enigma de París fue la reunión de doce detectives que cuenten sus secretos, cómo resolver complicados casos, su método de investigación, la intuición que les hace encontrar la clave secreta. Lo segundo fue el escenario: una exposición universal. “Para eso recordé que Rubén Darío estuvo en la Exposición Universal de 1900, ahí, en ese acontecimiento en donde está todo el mundo científico, tecnológico, a la vista de todos”. Con esos dos elementos, De Santis construye una novela compleja en la que el enigma es una metáfora.

En la obra hay personajes en primer plano, algunos en segundo plano y otros que transitan como sombras por sus páginas. A él, como autor, hay uno que le conmueve: el detective japonés, el más silencioso, uno de los incitadores al suicidio.

El escritor quiere que su novela, además de ser policial, sea una de iniciación. El lector es testigo de los aprendizajes del joven Salvatrio, no solo de su experiencia detectivesca, sino también en el amor. Los libros de este género tienen elementos que los dominan: la intriga y el suspenso. Y si algo tiene El enigma de París es una serie de intrigas... los doce detectives de este cónclave comprobarán, por sí mismos, cuál es el sentir del asesino y las poderosas causas que lo llevan a cometer el crimen... En esta novela, eso sí es seguro, el asesino no es el mayordomo.

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Luego  que Salvatrio logra resolver el enigma, ¿seguirá solucionando otros? De Santis no está seguro de ello. Sabe que muchos detectives en la historia de la novela policial lo han hecho, pero no  si será capaz de mantener vivo a su personaje.

Mientras, el autor se alegra con que El enigma de París tenga una difusión internacional y se hable de ella en otros países, “porque uno de los mayores problemas que tenemos en la literatura de América Latina es justamente el de la difusión”. Cuenta que alguna de sus novelas anteriores está traducida incluso al ruso, pero que es difícil encontrarla en los países vecinos. ¿Por qué? Esos son otros enigmas, los de la industria editorial... un caso tal vez para Salvatrio...