El rock progresivo de Sal y Mileto, que bebe de las fuentes del jazz, el funk y no olvida el sanjuanito o el santashpa, sorprendió al público del Viejo Continente, ávido por descubrir a nuevas bandas con reivindicaciones acústicas propias.
La participación en el Festival Internacional de Música Universitaria (FIMU), en Belfort (Francia), marcó el inicio de una gira que se prolongó hasta principios de agosto. La última parada: Porto (Portugal). Antes, cosecharon aplausos en La Haya (Holanda), Lille (Francia), Machelen (Bélgica), Roma (Italia) y Barcelona y Madrid (España).
Una oportunidad que les ha permitido descubrir la “universalidad” de su música, a criterio del guitarrista Luis Lucho Pelucho Enríquez.
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“Hemos visto solo rostros de admiración, porque no se esperaban algo tan contundente”, sostiene su baterista Igor Icaza. A Franco Aguirre le sorprendió la actitud del público, “más tranquilo y menos dado al contacto físico propio de ese ‘mosh’ único” de factura ecuatoriana.
Este Karpazo 2007, como han denominado a la gira, ha supuesto un desembolso de más de 10.000 dólares. Una apuesta en la que invirtieron seguidores y amigos durante el último recital que ofrecieron en la Alianza Francesa, en Quito, el pasado 5 de mayo.
La banda se valió de una tupida red de conocidos para sacar adelante la producción del trasiego europeo. No han faltado las anécdotas: desde problemas con los técnicos de sonido hasta peleas por colchones en casas de seguidores de corazón que les abrieron las puertas.
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En junio del 2003, cuando la fatalidad tocó a sus puertas con la muerte de su vocalista y fundador, Paúl Segovia, el resto de miembros bordeó el abismo. Pero la pléyade de fans de cazadora de cuero, cuerpos tapizados con tatuajes y pelo largo no dejó de crecer en progresión geométrica.
Y, ellos Igor Icaza, Franco Aguirre y Luis ‘Lucho Pelucho’ Enríquez consiguieron, el 25 de julio pasado, en Madrid, encender a las masas.
Ese medio centenar de seguidores que fueron en bloque a su reencuentro en Club Costello, a unos pasos de la Gran Vía, acumulaban años esperando escucharles en vivo. Como en Quito, Ambato, Latacunga o Cuenca.
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José Heras, lojano de 32 años y peón de la construcción, respondió al llamado acompañado de su esposa. “Aunque apenas se difunda aquí también hay movida rockera de los jóvenes”, advertía Diego Pinzón, quiteño amante del heavy metal, a los pies del recinto con un aforo para 130 personas.
Durante 90 minutos, cronometrados por Josechu Gómez, el programador de la sala, todos volvieron a sucumbir a esa rabia adolescente que perfumó tiempos añejos con letras que hablan de la corrupción de los políticos, la problemática de los niños de la calle o el trajinar en los autobuses de la ciudad. Fue el único concierto que reunió a un gran número de inmigrantes ecuatorianos (en el resto de recitales los asistentes desconocía su música). ¡Ha sido como estar en Quito!, exclamaba Icaza.
Precisamente por ello, cuando la oscuridad de la calle Caballero de Gracia, en pleno corazón de la capital española, ahuyentaba las últimas almas, dos frases languidecían sobre las aceras. “Viva Ecuador”. “Viva Sal y Mileto”.
Último CD
La banda tiene previsto presentar su último y quinto disco a finales de año.
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Grabación
Durante la gira, en Bélgica se iniciaron conversaciones con una disquera y en Italia cabe la posibilidad de grabar un álbum junto a la banda The orange man theory.


















