Mónica Rivera tiene dos años en la investigación de delitos ambientales y, desde esa labor que ejerce en Guayas y Galápagos, concluye  que la mayoría de incautaciones que ha realizado en las costas ecuatorianas son de tiburones de las islas, donde es prohibida su pesca, incluso incidental; y no precisamente  de los azules o aguados que crecen más en el mar continental.

¿Qué zona es la más afectada por la libre comercialización del tiburón, aun cuando se obtenga de pesca incidental?
Existe mucho riesgo sobre todo para Galápagos, porque  hay que tener en cuenta que en el Ecuador continental hay más lo que se llama el tiburón aguado o azul, y en muchas de las incautaciones que se han hecho se han encontrado   tiburones de Galápagos, que se los reconoce por el tipo de aletas en las investigaciones.

Las últimas incautaciones, ¿de qué tipo de tiburón eran?
Aún se está investigando.

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¿Cuántos detenidos hubo el año pasado por este tema?
Pocos, se ha tratado de crear conciencia, pese a eso ahora han crecido las detenciones (de junio a julio de este año se detuvo a once personas).

¿Qué falta para controlar?
Debe establecerse un peso para la explotación o pesca incidental de las especies en riesgo, según el tamaño de las embarcaciones. Esa estrategia se usa en Europa, con eso se evita que los pescadores lleguen a la playa con excesos de determinadas especies.

¿Y es muy común que un pescador artesanal obtenga tiburones incidentalmente?
No, a menos que se dedique exclusivamente a eso. Por ejemplo, si trae la panga llena de tiburones, no fue de forma incidental. Ya es hora de que hagan conciencia de que está destruyendo el medio gracias al cual pueden subsistir.