Sobre un piso de tierra reciben clases  los 220 alumnos de este plantel. 

El carrete de madera que hasta hace dos semanas sirvió como mesa de trabajo para los alumnos de kinder de la escuela fiscal 4 de Mayo, en la precooperativa San Francisco 2 de la vía a Daule, ya no existe.

En su lugar se colocaron dos mesas y sillas plásticas en las que  los niños ahora trabajan con menos incomodidad.

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En total la escuela cuenta con quince mesas y treinta sillas de plástico, además de implementos de aseo que les entregó la escuela particular Presidente Alfaro. Sesenta bancas bipersonales fueron  donadas por el Club Rotario de Guayaquil.
 
Shirley Tumbaco, directora (e)  de la escuela fiscal 4 de Mayo, comenta que un grupo de damas de una  institución les ayuda con la entrega de la  alimentación para los niños: los lunes, miércoles y viernes con almuerzo, y los martes y jueves con el desayuno.

Pese a ello los problemas subsisten en este plantel de caña y madera, que fue construido este año con las manos  de  los propios padres de familia.

El establecimiento aún no está legalizado, pero según Tumbaco al sitio llegaron los supervisores de la Dirección Provincial de Educación, quienes deben entregar un informe a la titular, Rocío Castro, para que se apruebe su funcionamiento.

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“La escuela se puede legalizar con dos maestros  fiscales con nombramiento y por lo menos tres más que sean contratados”, sostiene Tumbaco, quien afirma  que al momento estos requisitos se están cumpliendo.

Sin embargo, todavía falta un informe que debe elevar a la Dirección Provincial de Educación  el supervisor de la zona y se debe adjuntar  el acuerdo de creación de la escuela para que esta pueda acceder a los programas de educación que mantiene el  Gobierno. Los libros gratuitos que otorga el Estado  son los únicos beneficios que han recibido estos niños.

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Pero a Tumbaco  le inquietan otros detalles, como la falta de un techo en dos aulas, que temporalmente se cubren con plásticos rotos. Además, el polvo que levantan los enormes montículos de tierra que hay en el área que usan como patio.

Dos pozos sépticos, uno para los varones y otro para las mujeres, se encuentran a unos veinte metros de las aulas, pero según Tumbaco están totalmente colapsados. “Para el aseo debemos pedir agua a los vecinos”, asegura.

La necesidad de tener una escuela en este populoso sector, al cual se ingresa por un sinuoso camino polvoriento y rodeado de rústicas casas, motivó a que los moradores   construyeran el plantel que apenas cuenta con tres aulas en las que estudian un total de   220 menores.

“Todos los padres de familia cooperaron con caña, una planchita de zinc, clavos o mano de obra para tener la  escuela, pues  la fiscal más  cercana está a 4 km de camino”, dice  Lidia Castro, del Comité de Padres.

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Al igual que   los demás padres, ella tiene la esperanza de que en algún momento llegue “más ayuda y que se legalice el plantel, porque no tenemos otro lugar donde puedan estudiar nuestros niños”, relata.

Donaciones

Implementos
La escuela Presidente Alfaro entregó baldes, recogedores, escobas, toallas, escritorios, jabón y lavacaras.

Materiales
Se espera la donación de más cañas, madera y clavos para adecuar otras aulas para los alumnos.

Pizarrones
Los profesores requieren pizarrones y material didáctico como mapas  para impartir las clases, pues actualmente lo hacen con papelógrafos y dibujos hechos por ellos a mano.

Aprobación
Los padres de familia esperan la legalización de la escuela para que se logre la construcción de un mejor local con suficientes aulas para los 220 alumnos.