Pero si de excesos y salidas de tono hablamos, ¿qué podemos decir de la entrevista de Jorge Ortiz al psiquiatra Miguel Palacios para plantear que el Presidente sufre “graves trastornos de personalidad y de conducta”?
En el Ecuador ya existe un antecedente de la psiquiatría como herramienta para echar presidentes.
Se puede pensar que el entrevistado es responsable de lo que dice. Pero un periodista sabe a quién invita y para qué. Y además, Ortiz plantea que el Presidente es un desequilibrado mental:
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Palacios: “Pienso que tiene complejos muy serios. Resentimientos muy duros... Esa personalidad solo puede generar cosas de lesión, inestabilidad a la sociedad ecuatoriana porque lo único predecible del Presidente es que no es predecible”.
Ortiz: “¿Pero será todo este cuadro complejo psiquiátricamente o como político tiene la sinuosidad, las habilidades, las contradicciones propias de un político que está permanentemente en campaña y que su personalidad psiquiátrica es muy inestable…?”.
Los errores del presidente deben ser criticados, incluso con severidad, pero de ahí a decir en un noticiero que psiquiátricamente es inestable en un país civilizado sería motivo de disculpas. Aquí nadie se inmuta.
















