Lowell Mineral Exploration Ecuador ingresó a la comuna shuar Warins, donde desarrolló operaciones de exploración. Mediante la firma de un convenio entregaba entre 30 mil y 60 mil dólares a los habitantes, a quienes también dio trabajo.
“Pero el dinero hizo que los hombres se alejen de sus hogares, que pierdan el respeto a los dirigentes. Los ríos se contaminaban y morían los peces, se arrasaba con la selva”, afirma Galo Cuja, de la comisión externa del Consejo de Gobierno de la Asociación Shuar Arutam, que congrega a las 47 comunidades de esta zona que, según estudios de empresas mineras, cuenta con reservas de 550 millones de toneladas de cobre mezclado con oro, molibdeno y posiblemente iridio.
En diciembre del año pasado, por decisión de una asamblea general, los shuar se armaron de lanzas y escopetas y expulsaron a la minera Lowell, que tiene una concesión de 30 mil hectáreas en la cordillera del Cóndor, declarada por el Estado como territorio protegido para la etnia shuar. Igual suerte corrió la compañía Ecuacorrientes, que laboraba en una zona cercana.
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Hoy, la Asociación Shuar Arutam, que cuenta con 200 mil hectáreas de territorio ubicado en la frontera con Perú y donde residen 8.000 personas, tiene sus propias leyes y reglamentos, así como un plan de vida y aprovechamiento del suelo.
Santiago Kingman, coordinador de proyectos de Fundación Natura en Morona Santiago, destaca que existe total acuerdo entre las 47 comunidades para proteger la selva como su principal patrimonio. Así, el 78% del territorio está dedicado a la conservación; el 18,4% al uso sustentable mediante huertas y el 3,6% a la extracción de madera, como medio de obtención de dinero.
“En cuanto a la minería, el pueblo dice no. Está cerrada la negociación definitivamente; que el Gobierno anule las concesiones”, refiere Raúl Petsain, presidente del Consejo de Gobierno Shuar Arutam.
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El dirigente afirma que más bien el Gobierno ecuatoriano y organizaciones extranjeras deberían establecer un fondo que permita mejorar las condiciones de vida de la población, encargada del cuidado del bosque generador de oxígeno. Aclara que ese mejoramiento de la calidad de vida debe respetar sus costumbres: “No deseamos ser consumidores”.
Uno de los planteamientos que harán los shuar al Gobierno es que el Bono de Desarrollo Humano, que ahora no lo cobran, les sea entregado a las mil familias de la asociación, no en forma individual sino mediante la creación de un fondo común, que se destinará para la concreción de programas productivos, de salud y educación.
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Estas dos últimas áreas son justamente las más críticas, pues son insuficientes.



















