Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, se ha convertido en el líder mundial de la defensa del medio ambiente y la lucha contra el calentamiento global. Con esta misión Al Gore, con invitación previa o sin ella, ha visitado muchos países en Europa, África y Asia.
¿Cuán importante sería que visite nuestro país? Por una parte para que constate los resultados desastrosos para el medio ambiente y las poblaciones por la explotación petrolera de la empresa Texaco y, sobre todo, aprecie esa maravilla de la naturaleza, el parque Yasuní, esa parcela del planeta que guarda una de las más grandes biodiversidades en flora y fauna, y que ya fue declarado por la Unesco, patrimonio de la naturaleza.
Por desgracia, el subsuelo del Yasuní guarda también ese oro negro tan ambicionado por unos y causa de tragedia para otros. Su explotación podrá convertirlo en un erial irreversible.
Nadie con más autoridad que Al Gore para justificar el valor de esa zona ecológica única en el mundo no solo por su flora y fauna sino también porque es fuente de oxígeno para la vida humana, en vez de convertirse en fuente de gases contaminantes si se permite la extracción de crudo.
Sería oportuno que el Gobierno, oficialmente, hiciera una invitación a tan importante personaje. Quizás un llamamiento que él hiciera a las grandes potencias, a muchas instituciones que en la actualidad luchan contra el calentamiento de la Tierra o fundaciones filantrópicas, como la de Bill Gates y su esposa, que tanta ayuda están ofreciendo al África, se concienciaran en ayudar al Ecuador para preservar el Yasuní dando paso a una nueva modalidad de preservar el medio ambiente.
La reciente reunión, en Alemania, de las ocho grandes potencias (G8) ha reconocido los riesgos actuales y futuros de la contaminación por gases que producen el efecto invernadero y han decidido tomar medidas preventivas; ¡qué mejor que evitar la explotación petrolera en una zona como Yasuní!







