En la requisa policial que hace dos meses se ejecutó en este sector le incautaron la cartuchera que portaba y que adquirió por 40 dólares en la Bahía.

“No era nueva pero al menos me servía para mi trabajo”, agrega Sandoval, quien asegura sentirse perjudicado con el plan Ecuador sin Armas, anunciado por el Gobierno. “Me despojaron de mi cartuchera que tenía para defender y defenderme de los delincuentes”, señala Sandoval, quien comenta que no volverá a comprar otra arma, pese a correr peligro.

El celador recalca que los controles deben ser dirigidos no a ellos (los guardianes) sino a los delincuentes que “no se van a tomar la molestia de sacar  permiso de un arma para robar o asaltar”, añade.

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La labor de José Chichande, quien vigila con otro guardián  cerca de 65 casas en Samanes 6, ahora se limita a controlar el ingreso y salida de carros.

De pie en su garita, recuerda que hace más de un año, tras la vigencia de la Ley de Tenencia de Armas, le retiraron la cartuchera que usaba.
Ahora una radio portátil que le sirve para comunicarse al otro extremo con su compañero, es la única herramienta de trabajo.

En el mismo sector aparece otro guardián, que oculta su rostro con una gorra, y camina de una esquina a otra con un pito que lleva en su mano izquierda. “Así como ve”, esa es la respuesta que da a la interrogante de cómo ejecuta su trabajo si no está armado. No da oportunidad a preguntar su nombre y más bien prefiere retirarse.

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En La Garzota otro guardián permanece sentado con una varilla de hierro. “Esta es mi arma”, dice. Antes tenía una cartuchera, pero hace un año quienes lo contrataron se la retiraron, por los controles, dice.