¿Supuestamente? Andrés Carrera y Úrsula Strenge hablaron casi exclusivamente de los peligros en las relaciones sexuales, pero en ningún momento trataron de descubrir las dimensiones que tiene la sexualidad de niños y jóvenes. Solo una concepción arcaica, ultraconservadora y moralista puede pensar que la sexualidad se reduce a las relaciones sexuales; las cuales, además, son presentadas como tan nefastas que no solo “producen enfermedades mortales” sino que hasta “rompen la comunicación”.

Es el antiguo “tiemblen que es pecado” ahora disfrazado de consejo, con el mismo objetivo: construir un fantasma con los deseos y el cuerpo.

¿Se está diciendo que no se debe informar a los adolescentes sobre los riesgos que implica el ejercicio de la sexualidad? No, pero es un aspecto, no el único que debe ser abordado cuando se habla de algo tan humano y complejo.

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“Educación en valores”, se repitió como el pretexto. ¿Qué quiere decir esto bajo la concepción moralista y ultramontana del dominical de  Ecuavisa? Abstinencia y miedo. Porque si se habla de valores en sexualidad, por qué no citar la libertad, la responsabilidad, el respeto hacia el otro y hacia uno mismo, el amor, el conocimiento del cuerpo, la exploración de todas las dimensiones humanas, etcétera.

Nada de eso, por supuesto, estuvo en un espacio que no debiera llamarse ‘Familia en construcción’ sino ‘Tradición, familia y propiedad’.