“Lo vi un poquito agachadito al arquero y  rematé”, bromeó el capitán de los Murciélagos, Silvio Velo. Fue de esa forma como describió su  golazo, con el que Argentina derrotó a Brasil (1-0) en la final del IV  Mundial de fútbol para ciegos, y se consagró bicampeón el pasado viernes.

El Chueco Velo, el ídolo albiceleste, anotó el gol con un tiro al ángulo cuando  faltaban ocho minutos para el final de un partido que se jugó en dos tiempos de  25 minutos, e hizo estallar a las tribunas colmadas en el Centro  Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) en Buenos Aires.

“Pude llevar la pelota a toda velocidad, le cambié el ritmo y, bueno,  cuando estuve frente al arquero (un vidente) intenté levantársela y la tocó,  pero entró igual”, relató Velo, el ‘Maradona’ de los no videntes.

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Un poco más tarde de aquella jugada, el capitán de los gauchos levantó la Copa del  Mundo antes de pasarla a sus compañeros, que la acariciaron uno a uno para  reconocer el trofeo. Luego dieron la vuelta olímpica en la cancha de hockey al aire libre.

“Logramos romper el mito muy grande de Brasil”, se entusiasmó el defensor  Óscar Moreno, barrera infranqueable junto a su compañero Diego León Cerega.

Orgullo albiceleste
“El partido fue durísimo. Sabemos que Brasil es potencia pero creo que no  pudieron con la defensa nuestra”, dijo Velo sobre  sus compañeros que con el triunfo repitieron el título que ganaron en el 2004.

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El entrenador Gonzalo Vilariño expresó su orgullo por el triunfo al  sostener que “la clave fue la actitud”.

Unas 2.000 personas presenciaron la final Argentina-Brasil y le pusieron  los ingredientes de un verdadero clásico del fútbol, con globos y banderas,  cornetas y gritos.

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Brasil, que estrenó en la capital argentina el título paralímpico obtenido en Atenas 2004, dominó las acciones en el primer tiempo gracias al buen juego de Ricardo y Joao.

Este último jugador desperdició un penal en la segunda etapa, acción que pareció renovar los bríos de los locales, que se mantuvieron sólidos en defensa e inclinaron la balanza a su favor  con el gol de Velo.

Además de Argentina, Brasil, Paraguay y España, participaron en este Mundial para ciegos las selecciones nacionales de Inglaterra, Corea del Sur, Francia y Japón.

GAUCHOS

SÚPLICAS ARBITRALES
Los árbitros debieron suplicar por silencio en más de una oportunidad para  permitir el desarrollo del juego.

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HINCHADA SILENCIOSA
Como en todo partido de no videntes, la hinchada debía permanecer muda para  que los jugadores puedan oír la pelota con cascabeles y a sus rivales  gritando “voy, voy” (argentinos) o “ea, ea” (brasileños), para avisar  que están cerca.
 
ERRARON VARIOS GOLES
Los ruidos molestaban a los jugadores al punto de hacerles errar la pelota frente al arco  rival y perderse un gol frente a arqueros con visión normal.

MÚLTIPLES QUEJAS
Por eso, algunas de las selecciones participantes se quejaron porque cerca de la cancha en la que se jugó hay una  vía de ferrocarril, transitadas avenidas y, para colmo, un polígono de tiro.

AVIONES MOLESTOSOS
Los partidos se interrumpieron en varias oportunidades por la  molestia que provocaban los aviones comerciales que sobrevolaban la cancha,  camino a la terminal de cabotaje de la capital argentina.

CELEBRARON ATAJADAS
Lo más difícil fue hacer callar a la hinchada cuando el arquero Darío Lencina atajó algunas de las peligrosas jugadas de  los delanteros brasileños.