Deseamos llamar la atención, sin embargo, en la necesidad de proceder con cuidado para que no pongamos en duda, por ligereza, la importancia y el legado de figuras ilustres como la de Simón Bolívar. Muy bien que se elogie a tal o cual prócer, sobre todo a José Joaquín de Olmedo, pero no en detrimento de otros que en el mundo entero han sido reconocidos como figuras de trascendencia universal.
Errores los tienen todos los seres humanos; de allí que sea imprescindible colocar en la balanza además las virtudes de cada protagonista de nuestra historia, para establecer el balance general.
Este cuidado se lo debemos sobre todo a las nuevas generaciones, que en muy pocos años han visto derrumbarse su moneda, la historia limítrofe, algunas fechas patrias y casi todas las instituciones democráticas, y ningún bien les hará que se entierre el ejemplo de nuestros antecesores.


















