Para quienes todavía piensan que Nueva York es tierra de promisión donde se disfruta del trabajo bien remunerado y la abundancia, hay malas noticias.
La llamada Gran Manzana sigue siendo la capital financiera del mundo, sede de la Bolsa de Valores en Wall Street, en el Bajo Manhattan, y base de la industria de la moda en los Estados Unidos.
Pero detrás de esa imagen de lujo y glamour se esconde una sórdida historia de pobreza, exclusión y hambre.
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José Vera Aburto, inmigrante dominicano, es una muestra de ellos. Abatido por problemas personales y económicos, hace tres meses que se refugia en la Misión de Rescate de Nueva York para paliar la falta de alimentos. Allí trabaja como voluntario en el puesto de chef de cocina.
“A la Misión llegan personas hambrientas de todos los lugares y damos de comer de 125 a unas 200, dos veces al día, desayuno y cena”, dijo.
“Si usted tiene hambre, viene y come, no le preguntamos nada, no tiene que mostrar ningún papel, puede comer sin problemas”, agregó.
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Vera es una de las miles de nuevas personas que tienen que valerse de los comedores comunitarios para no padecer hambre en Nueva York, donde este problema aumentó en el 8%, de julio a octubre del año pasado, con relación al 2004, según un informe presentado el 3 de enero por el congresista Anthony Weiner.
Roberto Martínez, ecuatoriano de 43 años, es otro de los participantes en programas de la misión que –por razones personales y económicas– tuvo que valerse de los comedores comunitarios para evitar el hambre.
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“Mi deseo este año es conseguir un lugar para vivir y un trabajo”, dijo Martínez.
Weiner indicó que existe ayuda federal que permite que más trabajadores pobres reciban cupones de alimento, pero Nueva York nunca la ha autorizado totalmente.
Añadió que presentará un proyecto para crear un programa de ayuda federal que permitirá que organizaciones comunitarias puedan coordinar enrolamientos de miembros de la comunidad elegibles para recibir asistencia.


















