Dicha edificación fue declarada patrimonio cultural de la ciudad, pero hasta el momento no se ha hecho nada para recuperarla. Según informes técnicos, a esta altura resulta ya imposible su rehabilitación, y solo se pueden rescatar algunos de sus componentes arquitectónicos, luego de lo cual se deberá proceder a su demolición. De ser cierto eso, Guayaquil habría perdido uno de sus tesoros arquitectónicos por la irresponsabilidad de la burocracia.

Pero eso no es todo. El Ministerio tampoco cumple con su obligación de adoptar una resolución definitiva al respecto, de tal modo que con el paso de los días aumenta el peligro de un derrumbe, que podría tener graves consecuencias.

El Municipio ha cumplido con su obligación pero tiene las manos atadas para ir más allá. La señora Ministra de Educación, en cambio, a pesar de estar enterada del problema, no adopta ninguna decisión. ¿Es que acaso se espera que ocurra una tragedia para actuar?