Para alegría de sus seguidores y tristeza de sus cada vez más numerosos enemigos, Arnold Schwarzenegger piensa presentarse de nuevo a las elecciones por el gobierno de California que se celebrarán el año próximo.

"Voy a continuar con esto. Estoy aquí para siete años", dijo Schwarzenegger a un entusiasta grupo de unos 200 seguidores en San Diego, en el sur del estado, el viernes por la tarde.

Pero mientras sus seguidores aplaudían y vitoreaban, en el exterior de la sala donde anunció sus intenciones centenares de oponentes se manifestaban con pancartas con frases como "Arnold, ¿por qué te presentas? Compra el estado", o "California, escucha nuestros lamentos, no hagas caso de las mentiras del gobernador".

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El anuncio de Schwarzenegger coincide con el inicio de la convención del Partido Republicano de California en Anaheim, a la que está previsto que Schwarzenegger se dirija hoy.

Sin embargo, son muchos los que creen que el ex actor de 58 años no podría haber elegido peor momento para hacer este anuncio.

El ex actor comenzó su carrera política en otoño del 2003 encumbrado por su estrella cinematográfica.

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Un haz que paulatinamente ha perdido fulgor hasta alcanzar un tono gris que se traduce en una tasa de popularidad más baja incluso que la de su predecesor, según refleja una encuesta difundida la semana pasada que indica que solamente el 36 por ciento del electorado está dispuesto a votarle otra vez.

Los resultados de estas encuestas dejan claro que la luna de miel con los californianos, que le veían como una especie de ángel guardián que iba a acabar con todos los males del estado, ha llegado a su fin, tal y como recordaron los líderes demócratas el viernes.

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"Arnold Schwarzenegger se hizo con el poder bajo la promesa de mejorar el estado", dijo el presidente del Partido Demócrata en California, Art Torres.

"Pero no ha sido el gobernador que mucha gente esperaba que fuese, y creo que cada californiano sabe en su corazoncito que no ha cumplido las promesas que nos hizo", agregó Torres.

El demócrata puso el dedo en la llaga y comparó a Schwarzenegger con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ya que "favorece a los ricos en lugar de a los que más lo necesitan".

Entre los sectores que observan con más pavor la posibilidad de que Schwarzenegger salga reelegido se encuentra la numerosa comunidad homosexual de San Francisco, que ve como una traición la reciente decisión del gobernador de vetar la ley que legalizaría los matrimonios homosexuales.

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Si algo había dejado claro al inicio de su mandato era su apertura de miras en los asuntos sociales, pero incluso en esto parece haber cambiado.

El anuncio no pilla por sorpresa, ya que Schwarzenegger había adelantado el miércoles que no estaba en esto "para el corto plazo".

Schwarzenegger se las verá con el tesorero de California, Phil Angelides, y Steve Westly, controlador del estado, que ya han anunciado sus candidaturas por el Partido Demócrata para las elecciones que se celebrarán el año próximo.

Otros posibles rivales podrían proceder de su mundo de Hollywood. Tanto el director Rob Reiner como el actor Warren Beatty han hecho alusiones al respecto, aunque todavía no se han pronunciado formalmente.

Schwarzenegger se hizo con las riendas del estado más poblado y más rico del país en octubre del 2003, tras unas tumultuosas elecciones especiales que pusieron fin al mandato del entonces gobernador Gray Davis.

"Gobernator" prometió el oro y el moro y aseguró que el suyo sería un gobierno diferente, sin los politiqueos que tanta mella hicieron en la confianza de los californianos hacia sus dirigentes.

Sin embargo, no fue capaz de mantener una confianza que se fue quebrando a medida que incumplió promesas. Se llevó por delante programas sociales y educativos, y se puso en su contra a los sindicatos de funcionarios públicos, que iniciaron una campaña millonaria en prensa y televisión contra el gobernador.

La gran prueba para su reelección previsiblemente llegará el 8 de noviembre, cuando se celebra un plebiscito especial para votar varias medidas que tienen como fin reducir la influencia de la Legislatura, de mayoría demócrata, y la de los funcionarios públicos.

Ninguna de estas propuestas, no obstante, cuenta con el favor de la mayoría de los californianos, según se desprende de los últimos sondeos.