En Elizabethtown, uno de los caramelos con que endulza la Mostra fuera de competición, Orlando Bloom y Kirsten Dunst intentan componer con trabajo y carisma una emotiva historia de amor con el trasfondo de una divertida conmemoración fúnebre.
Pero, la película, escrita y dirigida por Cameron Crowe (California, 1957), tan solo aburrió y decepcionó a los festivaleros, ayer, en Venecia.
La cinta narra, con exceso de metraje, el descenso existencial y el renacimiento sentimental de Drew (Bloom), un joven y solitario diseñador de zapatos quien un día es despedido de su trabajo, abandonado por su novia e informado de la muerte de su padre.
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Al borde del suicidio, Drew debe viajar a Kentucky para encargarse del funeral.
En su periplo conoce a la azafata Claire (Dunst), que le hace redescubrir el color de la vida.
El autor de Jerry Maguire y Vanilla Sky, defendió su entrega y la definió como “un musical muy personal, salpicado de pizcas de humor, al estilo wilderiano”, haciendo referencia al genial Billy Wilder, “a quien”, aseguró, “admiro profundamente. He estudiado con minuciosidad los aspectos divertidos de todas sus comedias, que son grandes clásicos de Hollywood. Nadie después de él ha logrado hacerlas en modo tan fluido y natural, quizás porque jamás perdió la curiosidad frente a la vida real”, dijo.
“Creo que si Wilder hubiese visto las imágenes del desastre que ha provocado el huracán en New Orleans, habría comenzado enseguida a maquinar alguna historia hilarante en su cabeza”, acotó.
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El elemento wilderiano que se origina en la vida real es, en este caso, autobiográfico, ya que Crowe, como suele hacer, imprime en esta entrega su dolor personal, tras la pérdida de su padre.
“Como Drew, también descubrí cómo la muerte te reconecta con tus orígenes y con tu familia, y cómo puede modificar profundamente la imagen que uno conserva de su propio padre. También he incluido la figura de mi madre, que logró superar su largo sufrimiento solo al matricularse en una escuela de recitación. Aquí la vemos con el rostro de Susan (Sarandon), divirtiéndonos con su baile del tip tap”, afirmó.
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Elizabethtown está, por el momento, en fase de reedición. Crowe, el “eterno insatisfecho”, ha preferido primero evaluar las reacciones de la crítica, presente en la Mostra, antes de mostrar al mundo su versión final. “De seguro no modificaré la música. Creo que los ha dejado a todos embelesados”, prometió.
De hecho, es el elemento clave de todos los filmes del realizador, que se inició como periodista colaborando para la revista especializada Rolling Stone. “Cada día llegaba al set con 50 canciones para cada escena. La música lograba poner nuestros sentimientos a flor de piel y ayudaba a armonizar la actuación. ¡Estimulante!”, admitió.
Por su parte, Bloom (El Señor de los anillos, Troya, El reino de los cielos) se mostró dichoso al dejar atrás su destino de eterno caballero y la épica de las cruzadas para sumergirse en este personaje contemporáneo. El actor, que a sus 28 años es uno de los más cotizados de su generación, admite que fue una oportunidad para cambiar registro.
En plena racha interpretativa, Dunst (la ex Mary Jane de Spider-Man y futura María Antonieta de Sofia Coppola) comentó: “Es una película sobre la existencia y no se la puede definir simplemente como comedia, drama, o historia romántica... Claire es sincera y apasionada, y su deseo de ayudar al prójimo es auténtico”, concluyó.
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