El proyecto de recuperación del ferrocarril ecuatoriano ha sido una larga y vergonzosa historia de promesas incumplidas, amenazas, declaraciones pomposas y buenas intenciones que no lograron rescatar esa obra maestra de la ingeniería, del abandono y el olvido irresponsable a los que fue relegada por la inoperancia pública y la indolencia generalizada.

Durante este período de decadencia de la obra, solo algunos ecuatorianos y no pocos extranjeros han seguido animándose, a pesar de los riesgos involucrados, a confiar en y disfrutar de la temeraria experiencia del viaje en un tren que se ha convertido en una especie de reliquia viviente del turismo ecuatoriano.

En ese contexto, la responsabilidad asumida por 31 municipios y 9 prefecturas del país para encargarse del proyecto de recuperación, se presenta como una insólita muestra de cordura, visión de país y esfuerzo de concertación que, de llegar a buen término, será una de esas experiencias, poco frecuentes en el medio, que nos permiten creer y confiar en la capacidad de los seres humanos, incluso en su función de administradores públicos y dirigentes políticos.

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Una felicitación a quienes han asumido el reto y los deseos de que la cruda realidad de un sistema casi inoperante, no impida nuevamente la realización de una obra que, sin duda, es capaz de generar positivo impacto social, ambiental y económico a favor del desarrollo en Ecuador.

Antonio Perrone González
Guayaquil