Lo mismo de siempre: echar tierra y diluir las cosas.
Lo que nos temíamos: nada pasó con las investigaciones prometidas alrededor del fallido o saboteado programa ‘Tres mujeres y el Presidente’. Pese a los anuncios presidenciales y pese a la gravedad del asunto que pudo haber implicado un boicot en contra del Presidente de la República y de una red nacional de TV, nada sucedió.
Las investigaciones no pasaron de raspar la epidermis, de comprobar si la estructura metálica del lugar pudo haber sido la causante de la interferencia o de chequear el estado de los equipos del canal. El paso más allá no se lo ha dado o, por lo menos, no se ha informado públicamente si se lo ha dado. Es decir, ni se rastreó el posible origen de la interferencia móvil, ni se informó sobre quiénes pueden tener equipos de interferencia de ese tipo y menos aún se siguió la pista de Alfonso Ortiz que implicaba a funcionarios de Senatel. Simplemente, las cosas se van diluyendo hasta que nadie se acuerde.
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Pero lo más grave: el programa no se realizó y no se sabe si se realizará; con lo cual la libertad de expresión que el Gobierno invocó la misma noche de los hechos queda golpeada y en una esquina.
El gran salto televisivo
En los próximos cinco años, el mundo televisivo comenzará a ser totalmente digital, dicen los expertos. Se trata de toda una revolución que cambiará radicalmente el modo de hacer y ver televisión. Muchos –los más serenos– dicen que el cambio es más importante que el paso de la TV en blanco y negro a la de color.
Más canales, mayor calidad de imagen y sonido (equivalentes a un DVD), películas en varios idiomas y con subtítulos, interactividad... Todo esto y algunas cosas más promete la Televisión Digital Terrestre (TDT), sin suscripciones ni cuotas mensuales, solo a cambio de un pequeño aparato para convertir la señal.
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En Europa, el apagón analógico (esto es, que las cadenas convencionales dejen de emitir por el sistema actual) se ha fijado en el 2010, pero ya han comenzado las emisiones digitales y está previsto que para finales de este año estén operativos decenas de canales. En Estados Unidos, las cadenas lo tienen todo preparado, pero el momento de transición se ha retrasado por un debate: en un país con el 90% de hogares con cable o satélite, ¿qué relevancia tiene la TV abierta? De todas formas, con inversiones sobre los 10 billones de dólares, el salto lo darán más temprano que tarde.
América Latina está retrasada en el proceso. México y Argentina son los únicos países que han adoptado el modelo de transmisión digital que les permite desarrollar sus plataformas. En tanto, Brasil va más allá y ha optado por desarrollar su propio esquema de digitalización en alianza con China.
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Pese a la importancia del tema, en el país la TV digital abierta casi es ciencia ficción. Mientras que TV Cable actualiza sus decodificadores a “digital”, aunque en realidad entregue unos aparatos de primera generación y medio uso.
En el 2001, las normas técnicas nacionales ya reservaron los canales 19 y 20 para la migración a digital. Pero los siguientes pasos no se han dado: abrir un proceso de discusión técnico sobre el sistema que se adoptará y el diseño de un plan nacional que implique una nueva distribución de frecuencias y señales.
No obstante, la TV digital está a las puertas como la gran oportunidad para el anhelado cambio cualitativo. Primero, porque la TV digital implica una mayor acción del televidente con la posibilidad de elegir extensamente nuevos contenidos; segundo, porque los sectores excluidos del reparto actual (Estado, universidades, gobiernos locales, instituciones culturales) pueden reservarse el derecho a producir y emitir señales. Y tercero, porque una nueva generación de empresarios de medios puede tomar la posta con visiones que vayan más allá del rating.

















