Son casi seis décadas desde cuando el italiano Francisco Cino Fabiani, radicado en Guayaquil en pos de mejores días, estableció su fábrica de fideos en Huancavilca y Eloy Alfaro. En aquella época existían negocios similares cuyos nombres son referentes para la historia industrial de la ciudad y el país, pero el de Cino Fabiani destacó por la manera de hacer sus preparaciones.
De esa herencia de trabajo y servicio que les dejó su progenitor y su madre Angeolina Santelli Catalano de Cino, quien apoyó a su esposo para impulsar la pequeña empresa, siempre se muestran orgullosos Luis (73 años) y Francisco (70), que bastante jóvenes colaboraron con sus padres, aprendieron el oficio, heredaron el negocio y todavía atienden en la avenida Domingo Comín.
Modesto comienzo
Luis y Francisco Cino permanecen juntos y comparten responsabilidades de producción y venta en su local del sur de la ciudad, aunque siempre están en contacto con sus hermanas Italia y Gilda para conversar en torno a la familia y recordar tiempos idos. Ellos dicen no olvidar la segunda ubicación de la fábrica en Capitán Nájera y Eloy Alfaro y los cambios que ocurrieron conforme creció la demanda de preparados del establecimiento.
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“Comenzamos con una pequeña máquina manual que construyó nuestro tío César Fabiani”, dice Luis, quien aclara que no pasó mucho tiempo y hubo la necesidad de construir e importar otras. Actualmente la Fábrica Francisco Cino & Sucesores tiene una producción y demanda aceptables, pese a la competencia; en ella colaboran 9 empleados y posee máquinas italianas que sirven para mezclar, gramolar, laminar y cortar fideos, mientras que el envase final es por tradición de tipo manual (papel celofán y el logotipo de la fábrica).
Luis y Francisco Cino Santelli, testigos de incontables cambios del Puerto Principal, muestran nostalgia al evocar los barrios en los que han vivido, las fiestas de la familia con los tradicionales ravioles a los invitados, mientras se bailaba toda música incluida la tarantela. Además, las visitas de los Landucci, Péndola, Oneto, Soto, Rastelli, Lértora, Leone y otros amigos y paisanos de su padre a los locales donde estuvo la fábrica.
Aclaran que ellos nacieron en Guayaquil y no han viajado a Italia. Sin embargo, gustan de las tradiciones de la tierra de sus progenitores, ya fallecidos.
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Afirman que su afán de trabajo no cambia, porque los clientes prefieren los fideos que elaboran y ellos tienen cuidado que esa calidad nunca desaparezca.














