El recuerdo de las víctimas de las deportaciones de la Francia ocupada a los campos de concentración y exterminio nazis, objeto de emotivos tributos, dominan las conmemoraciones francesas por el 60º aniversario del fin de la II Guerra Mundial en Europa.

Fueron unos 150.000 los deportados de Francia a los campos de concentración y de exterminio nazis y de ellos 75.000 eran judíos.

Tanto para los que dejaron su vida en aquellos infiernos, como para los pocos que volvieron, han sido este año todos los honores.

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Por tres ocasiones y en diferentes escenarios, el presidente francés, Jacques Chirac, les ha rendido homenaje, con la promesa de que “nunca olvidaremos” lo que Francia “no supo impedir”: la Shoah, el “desastre”, en hebreo.

Lo hizo el pasado 25 de enero en París, al inaugurar el Memorial de la Shoah; un día después en Auschwitz (Polonia), al asistir al 60º aniversario de la liberación de ese campo nazi; y el 24 de abril, de nuevo en la capital francesa, en la ceremonia por el Día Nacional del Recuerdo de las Víctimas y de los Héroes de la Deportación.

Chirac rindió tributo no sólo a las víctimas judías de las deportaciones, sino también otros mártires de la “locura nazi”, como religiosos, humanistas, minusválidos, gitanos y homosexuales, así como a la valentía de los miembros de la Resistencia, “soldados del ejército de las sombras”.

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En el memorial de la Shoah se levanta el Muro de los Nombres, donde se han cincelado las identidades de los 75.000 judíos franceses deportados.

Solo 2.500 regresaron. De los otros volvieron menos de la mitad.

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Grabar los nombres de esas personas sobre granito ha sido un modo de recordar que existieron y darles una sepultura.

En Francia se ubicó el antiguo campo de concentración de Struthof, situado en Alsacia, que había sido anexionada por la Alemania nazi y que fue el primero liberado por los aliados, a finales de 1944.

Chirac, que fue el primer jefe de Estado francés en reconocer, el 16 de julio de 1995, recién llegado al Elíseo, la “deuda imprescriptible” de Francia con los deportados y el papel del Estado en ese drama, ha reiterado, por activa y pasiva, la necesidad de estar alerta para evitar el “resurgimiento de lo inaceptable”.

Actos sencillos
Sin embargo, Francia celebrará los 60 años del fin de la II Guerra Mundial en Europa sin el brillo que tuvo la conmemoración, en el 2004, del desembarco aliado en las playas de Normandía, y en plena campaña para el muy incierto referendo sobre la Constitución europea en la que las referencias históricas de paz no calan en el electorado.

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El 8 de mayo, como cada año, Chirac, que habrá celebrado la víspera los diez años de su elección al Elíseo, presidirá la tradicional ceremonia militar en el Arco de Triunfo, con la colocación de una corona de flores en la tumba del Soldado Desconocido, cuya llama será reavivada.

El toque europeo lo darán los 400 jóvenes, portadores de banderas de Francia, de la Unión Europea y de los países aliados en la contienda, que se unirán al Coro del Ejército francés para interpretar el Himno a la alegría, el emblema sonoro de la Unión.

Después de los actos, Chirac emprenderá viaje hacia Moscú, para asistir al día siguiente a las ceremonias conmemorativas del 60º aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi.