Uno cree que está acostumbrado. La entronización de la ignorancia en la TV es tan avasalladora y cotidiana que nos sentimos preparados para cualquier cosa. Es que después de escuchar a Rafael Cuesta comparando a Fernando Villarroel (el perpetrador de ‘Mi Recinto’ y otras babosadas) con Miguel Ángel (sí, Miguel Ángel, el de la Sixtina), ya nada nos puede sorprender, todo nos resbala. O al menos eso es lo que creemos. Pero no. La televisión siempre nos tiene reservada una sorpresa y nunca falta un engreído al que a uno le entren ganas de poner en su sitio.
Así ocurre con aquel que se hace llamar Licenciado Dupleint. Tiene apenas unos meses de experiencia en la pantalla (en el programa ‘Buenos muchachos’, el de las campañas sucias de Gamavisión) y no representa nada en la historia de la televisión ecuatoriana, pero se permite tratar despectivamente a Carlos Vera como “este jovencito”, por no decir jovenzuelo. ¡Hay que ver! Digamos que uno puede estar en desacuerdo con las opiniones de Vera o encontrar desagradable su personalidad y hasta reprochable su estilo.
Uno puede incluso extenderse en el inventario de sus errores. Pero no se debe olvidar que, cuando el dicho Dupleint no era sino un balbuceo (cosa que no ha cambiado mucho, por lo demás) Carlos Vera ya estaba sudando la camisa y tratando de entender los procesos políticos de la recién inaugurada democracia ecuatoriana.
Así es que Dupleint, o como se llame, debe aprender a guardar su sitio. Reconocer que su única virtud televisiva es el engominado estrafalario que lo adorna y aprender a respetar (así, tal cual) a los mayores. Porque ni su reciente adscripción al club de aniñados filantrópicos del Guayas (qué emotivo fue verlo entregando ventiladores en el Hospital de Infectología) le da el derecho a perder las dimensiones.

















