Una cuarta parte de las muertes o invalidez por enfermedades infecciosas en el mundo tienen su origen en causas relacionadas con el medio ambiente, según datos del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (Pnuma) publicados ayer.
Hiremagaur Gopalan, científico de salud ambiental de ese programa, presentó ayer en la capital keniana un estudio sobre degradación ambiental y el aumento de enfermedades infecciosas, que cada año se cobran la vida de 15 millones de personas y son la primera causa de mortandad en el mundo.
El documento relaciona la contaminación de aguas costeras por vertido de aguas residuales sin tratar con brotes de cólera; la deforestación con la fiebre amarilla, malaria y el ébola; el cambio del uso de la tierra –especialmente para agricultura– con el tifus y la encefalitis equina; y el crecimiento urbano no planificado con la tuberculosis y la plaga bubónica.
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“Un medio ambiente en buen estado promueve la salud”, afirmó el científico, al señalar que hay enfermedades infecciosas atribuibles a factores como el agua o aire de mala calidad o sistemas de salubridad deficientes.
Goplan recalcó que “un gran porcentaje de las enfermedades pueden prevenirse si el medio ambiente es gestionado adecuadamente”.
El informe de Naciones Unidas documenta cómo los científicos han observado un resurgimiento de enfermedades casi desaparecidas y un incremento de dolencias debido a cambios en el entorno natural provocados por el hombre.
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En el caso de la malaria, una enfermedad que mata a 3.000 niños al día en África subsahariana, el informe señala que la deforestación y la construcción de carreteras alteran los sistemas fluviales y crean entornos nuevos en los que el mosquito que transmite la enfermedad puede crecer.
El aumento de la malaria también aparece relacionado con la minería o el recalentamiento de la tierra.
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Un estudio sobre la extracción de piedras preciosas en Sri Lanka revela que las minas se han convertido en focos de enfermedad, ya que los mosquitos encuentran un hábitat perfecto en los pozos de agua estancada de poca profundidad que dejan los mineros.
Otros estudios en Brasil apuntan a que la contaminación por mercurio en las minas de oro pueden aumentar la susceptibilidad a la malaria entre los trabajadores, ya que la exposición a ese metal debilita el sistema inmunitario.
Según el Panel Intergubernamental, el alza de las temperaturas como resultado del calentamiento terrestre supondrá que el mosquito que transmite la malaria podrá vivir en altitudes más elevadas, extendiendo la enfermedad a zonas donde actualmente no existe.


















