Héctor Vanegas Cortázar,  agente fiscal del Guayas, a los 9 años comenzó a unificar su apellido agregándole la letra y, de modo que lo convirtió en uno solo: Vanegas y Cortázar.

La idea, que al principio sonó descabellada para sus familiares, según cuenta, la generó el deseo de que el apellido de su madre perdure a través de sus descendientes.

Pero más que una razón afectiva, sostiene, fue el hecho de que al revisar la genealogía de su apellido materno se dio cuenta de que este siempre estuvo unido a otro.

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Así, puso dos ejemplos claros de quienes llamó sus ancestros: Antonio Borrero y Cortázar y el mariscal José de la Mar y Cortázar, presidentes de Ecuador y Perú, respectivamente.

El cambio lo efectuó a los 18 años en el Registro Civil, pero su nombre fusionado ya sonaba en sus actividades como dirigente estudiantil y presidente de la Unesco.

Ahora sus tres hijos se apellidan con el Vanegas y Cortázar, con el cual el Fiscal continúa con lo que él llama, la vieja tradición castellana.

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Sin embargo, no todos conocen a ciencia cierta las razones de los cambios.

Isabel Echeverría de Ala Vedra ignora las causas por las que su padre, José Ala-Vedra y Tama, médico guayaquileño que construyó el castillo de la avenida Olmedo, decidió separar el apellido Alavedra por el Ala-Vedra.

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La modificación la realizó antes de que ella naciera, no obstante, Isabel prefiere usarlo separado, pero sin el guión: Ala Vedra. “Es cuestión de gustos”, sostiene.

En efecto, por el simple deseo de quienes lo llevan también hay apellidos que se acortan, tales como el Tipantixa, que es usado como Tipán.