Actualmente hay 950 hospitalizados con patologías como esquizofrenia, epilepsia y manías.
Caminan en diferentes direcciones por los jardines de las salas como si quisieran sentir la libertad. Sus miradas están fijas en el horizonte y de vez en cuando observan a su interlocutor. Y cuando hablan, sus palabras no coinciden con la realidad.
Se trata de los pacientes esquizofrénicos del hospital psiquiátrico Lorenzo Ponce, que hoy cumple 123 años de fundación y que atiende además a personas que padecen trastornos maniacos, depresivos, de ansiedad, epilepsia y demencia.
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Ellos son la mayor parte del área de hospitalización de la institución, según los médicos tratantes. Sin embargo, aún no se tabulan las estadísticas de este año, precisa el director técnico del hospital, Fabrizio Delgado.
Marthita (nombre protegido), de unos 26 años, es una de las que posee esta patología. Dice que siente que personas extrañas del mal la persiguen.
Cuando el médico de la sala Santa Catalina, Gastón Minchala, le pregunta ¿por qué está ingresada en un hospital para la cabeza?, ella responde que no sabe la razón y que solo se descontrola un poco.
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Esta manifestación, según Minchala, es uno de los síntomas de la esquizofrenia como hacer una mala interpretación de la realidad que perciben los sentidos, tener sentimientos inestables y con mucho contenido sexual, y ser personas inteligentes.
En el caso de Ana, su relato es ficticio y su divulgación para alguien que no conoce de su enfermedad puede ser peligroso.
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Ella expresa en su percepción que el enemigo, conocido como Satanás, se le introdujo en el cuerpo y que un hombre la ungió con aceite para que se saliera. Pero después unas monjas le dijeron que no debía haber accedido porque eso no era bueno.
Repite con insistencia la frase “maldito el hombre que confía en el hombre” y manifiesta que debe ir al templo.
Según Gastón Minchala, este relato tiene lógica porque los esquizofrénicos son inteligentes para coordinar historias. Pero a veces, explica, la familia es culpable de que la enfermedad avance porque los llevan donde brujos o iglesias evangélicas para que los curen.
“En ocasiones tuvimos que sacar a personas que venían con panderetas y trastes a cantar y supuestamente a sacarle el demonio a sus parientes o amigos”, señala.
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El tratamiento
El tratamiento que reciben, según Minchala, se inicia primero contactando a la familia para que uno de sus miembros lo visite constantemente y le haga notar que está enfermo ya que, en la mayoría de las ocasiones, el paciente no reconoce que tiene la patología y por eso simula que toma las pastillas colocándoselas debajo de la lengua, para luego botarlas.
Pero, de esos trucos ya conocen nuestros médicos y por ello permanecen cerca en el momento de darles pastillas y se les examina clínicamente, señala Minchala.
500 DÓLARES
Hasta este valor cuestan los pensionados del hospital para los enfermos mentales. El mínimo es de 200 dólares. Los pagos se realizan mensual y el servicio también incluye alimentación, vestido, atención médica y quirúrgica si es que resulta necesario.
11.200 CONSULTAS
Fue la cifra de las que se realizaron en el pabellón infanto juvenil de este centro hospitalario. En él, durante el año pasado se ofreció atención a niños y jóvenes en consultas correspondientes a las áreas de neurología, psicología, pediatría y psiquiatría.
50.744 PACIENTES
Entre adultos, niños, jóvenes se atendieron en la consulta externa del hospital, a un costo de 3 dólares. El psiquiátrico tiene además un hospital en el que se imparte terapia recreacional y educativa, en las mañanas, a los esquizofrénicos recuperados que se les dio de alta.












