Según expertos, el uso de grasas saturadas, azúcares y el sedentarismo influyen en la salud de los menores.

El consumo de grasas saturadas y el sedentarismo les pasan factura a los niños del Ecuador. Un estudio de la Maestría de Alimentación y Nutrición de la Universidad Central del Ecuador reveló que 14 de cada 100 menores en edad escolar sufren de sobrepeso y obesidad.

La investigación se realizó en 1.800 niños y niñas de 7 años en promedio, de las principales ciudades de la Costa, Sierra y Oriente. En él también se determinó que los menores dedican 28 horas semanales a ver televisión.

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A sus dos años y medio, Karla Peláez ya tiene problemas de colesterol alto. No puede comer grasas y toma leche semidescremada para regular su organismo. Su madre, Karla Palacios, indica que tiene tendencia a engordar por herencia familiar y por eso evita darle este tipo de alimentos.

Aunque ella no era fanática de la comida rápida, su problema es una de las consecuencias del difundido consumo de esta alimentación en niños.

La nutricionista Miriam Reyes dice que la ingesta de la denominada comida chatarra (golosinas, pizzas, papas fritas, hamburguesas...) incide en la salud porque no lleva la cantidad de nutrientes que requieren los menores.

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“La papa frita es grasa adicional y una cola, calorías. No existe equilibrio. Aquí no hay ni vegetales ni frutas”, señala.

El resultado: niños con colesterol y triglicéridos elevados u obesidad que, indica, puede desencadenar en diabetes, más aún si hay antecedentes familiares.

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Un estudio de la Maestría de Alimentación y Nutrición de la Universidad Central del Ecuador, publicado en el 2004, reveló que en el país 14 de cada 100 niños sufren de sobrepeso y obesidad.

La investigación se realizó en 1.800 niños y niñas de 7 años en promedio, alumnos de escuelas públicas y privadas de las principales ciudades de la Costa, Sierra y Oriente.

La conclusión: el problema fue mayor en mujeres, en la Costa y en las escuelas de régimen privado.

Aunque no se investigó el origen de los primeros factores, el doctor Rodrigo Yépez, director de la maestría, explica que el tercero se da porque los padres tienen una posibilidad mayor de comprar alimentos que provocan sobrepeso, como dulces y helados.

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La mala alimentación, dice el cardiólogo Roberto Lecaro, al elevar el colesterol y los triglicéridos, contribuye a inflamar las arterias de los menores. “Son niños que van a tener problemas cardiacos siendo adultos jóvenes”, agrega. Y no solo eso.
También corren el riesgo de que se formen coágulos y se produzcan infartos al corazón y al cerebro.

Maritza, una mamá de 29 años que habita en el sur de la ciudad, relata que su hijo André, de 3 años y 9 meses, pide papitas cada vez que sale de casa. Ha tratado de controlarlo porque sabe de los efectos, pero insiste por el juguete que se ofrece junto a la comida.

Reyes señala que casos como estos son frecuentes porque el marketing lleva a promover muñecos del momento como valor agregado a los alimentos. Sin embargo, dice que los padres también los llevan porque es más fácil que cocinar en casa.

Por ese mismo factor de tiempo, señala la nutricionista Narcisa Zambrano, es que en casa se consume exceso de frituras, que tienen el mismo efecto de la comida chatarra. “Como no hay tiempo y la mamá trabaja, se hace todo frito a la hora de comer y eso es igual grasa mala”, indica.

De hecho, el consumo de grasa, debido al excesivo uso de mantecas o aceites saturados, fue uno de los dos factores desencadenantes de sobrepeso y obesidad que se establecieron en el estudio de la Universidad Central.

Yépez manifiesta que estos se emplean con frecuencia porque son más económicos.

El otro aspecto influyente es que los niños no juegan y pasan la tarde frente al televisor. De acuerdo con el mismo estudio, dedican más de 28 horas a la semana o cuatro horas diarias a esta actividad.

Reyes coincide con ello. Dice que el problema es que los niños no queman las grasas que consumen.  “Han dejado la bicicleta por el nintendo”.

Por eso, indica Lecaro, las nuevas guías de alimentación recomiendan a los infantes ver menos de dos horas de televisión y hacer cada día 60 minutos de ejercicio, de moderado a vigoroso, para mantener una buena salud.

Zambrano aconseja dar grasas buenas, como aceite de oliva, nueces, maní y aguacate; Reyes, enseñar a los niños a probar otro tipo de alimentos y explicar sus nutrientes.

En cuanto a la comida rápida, ambas coinciden en que el niño puede comerla una vez cada quince o diez días. El problema está en el exceso.

10% DE LA POBLACIÓN
adolescente tiene problemas de sobrepeso y obesidad, según
un informe de la FAO sobre alimentación en Ecuador.

97% DE HOGARES
ecuatorianos tiene un televisor, según el estudio de la Universidad Central. Ello contribuye al sedentarismo.

22 MILLONES
de niños menores de 5 años son obesos en todo el mundo, de acuerdo con un informe de la Federación Mundial del Corazón.

240 KILOCALORÍAS
es lo que contiene una hamburguesa simple de 100 gramos, según el Centro Nacional de Nutrición de Perú.