Es todo un desafío para un actor como Dennis Quaid protagonizar dos películas que son totalmente opuestas: un filme de aventuras que transcurre en el desierto y un ligero drama doméstico en el que interpreta a un vendedor que es marginado por la llegada de un joven brillante.
No sorprenderá a los observadores de la carrera con altibajos de un hombre con facciones duras de galán y una sonrisa cautivadora que una película (El vuelo del Fénix) sea un fracaso en la taquilla y la otra (En buena compañía) aclamada por su encanto conmovedor.
Los críticos desde hace tiempo han estado confundidos con el experimentado texano Quaid, quien usualmente ha estado en la cima del estrellato en películas como Querido detective para malgastar la fama después por una mala elección o por falta de esfuerzos, como en el western El Álamo.
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Esto solía irritar a Quaid. Pero al cumplir 50 años y rescatado por actuaciones aclamadas por la crítica en el 2002, como en la que encarna a un homosexual reprimido en Lejos del cielo y por su interpretación del maestro que se convierte en estrella del béisbol en El novato, alcanza para encogerse de hombros y olvidarse de todo. “Ya no me siento así. Siento que lo hice en grande”, se rió Quaid. “Estos últimos cuatro años han representado un gran vuelco en mi carrera. Es una diferencia cuando uno protagoniza una película exitosa y éxitos críticos, uno tras otro”.
Una metáfora obvia
En En buena compañía, que se estrena esta semana en algunas ciudades de Estados Unidos, Quaid interpreta a un vendedor de 51 años, Dan Foreman, quien es relegado de su cargo en una fusión de empresas por el joven genio Carter Duryea (protagonizado por el prometedor actor Topher Grace), con toda la arrogancia de un joven y nada de su encanto.
Duryea deja a Foreman sin su oficina, se acuesta con su hija y subestima la experiencia y las emociones de Foreman.
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Si la metáfora parece obvia, Quaid de 1,88 metros de altura tuvo una carrera con altibajos. “Hubo una época cuando tenía 30 años en que era la novedad y las cosas eran fáciles para mí. Cuando llegué a los 40 sentí que estaba quedando al margen. Tuve que esforzarme para salir de allí y poder conseguir papeles para poder mantenerme”, dijo Quaid.
“La segunda vez que lo repaso es más dulce. Cuando tenía 30 realmente no apreciaba mi éxito. Puede que sintiera que no lo merecía. Tenía sentimientos enfrentados sobre esto. Creo que se llama madurar. Uno se deshace de todo lo que no es necesario”, dijo Quaid.
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Quaid tuvo que avejentarse para interpretar a Foreman y los maquilladores llevaron canas a su pelo. El director Paul Weitz tuvo una sorpresa agradable cuando Quaid aceptó interpretar a Foreman aunque no fue la forma en que lo vio Quaid. “No veo qué hay de arriesgado en que interprete un papel de mi edad o aceptar un gran papel con un gran director y un gran guión”, dijo Quaid.
“La idea de una cierta competencia entre el nuevo muchacho y un veterano sabio puede hacer una buena historia, pero esa no fue la forma en que se desarrolló en el estudio”, agregó.
Quaid comenzó a trabajar en En buena compañía inmediatamente después de volver de África y del estudio de El vuelo del Fénix. El filme es una nueva versión de la película de aventuras de 1965 con el mismo nombre, protagonizada por Jimmy Stewart sobre un grupo de hombres varados en el desierto después que se estrella su avión de carga.
La presión del estrellato después de haber llegado al éxito con el drama del astronauta Elegidos para la gloria en 1983 e interpretar al sensual pero corrupto detective en Querido detective (1987) se convirtió en desalentador y Quaid cayó en un círculo de abuso de alcohol y drogas.
Con el tiempo se recuperó, se casó con la actriz Meg Ryan en 1991 y estuvo dos años sin hacer películas. Después de un divorcio doloroso, Quaid se casó con la agente de bienes raíces de Texas, Kimberly Buffington, a mediados de este año, y ahora se prepara para lo que considera su aventura más arriesgada: escribir, dirigir y actuar en la misma película.
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