Fue difícil encontrar un asiento libre en el teatro José Martínez Queirolo de la Casa de la Cultura a las 17h10 del domingo pasado. En la función de ese atardecer, el Ballet Ecuatoriano de Cámara pondría tres coreografías sobre el escenario ante un público que no debió pagar boleto para el espectáculo.
Luces rojas, verdes y azules se derramaron sobre la piel de los bailarines en la primera parte del show: Días de locura, una caracterización del baile frenético de los años veinte.
Cerca de 500 espectadores disfrutaron de seis piezas seguidas de charleston, jazz y blues, interpretadas por 16 ágiles figuras ataviadas con boas, chemises y pitillos que danzaban al ritmo de la banda sonora de la cinta The Cotton Club, de Duke Ellington.
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En esta parte, el elenco del Ballet Ecuatoriano de Cámara presentó una actuación, no impecable, pues la empañaron pequeños movimientos descoordinados, pero que brilló por la expresión gestual de los bailarines que acompañaban con gritos de euforia su danza.
Rubén Guarderas, director de las estrellas de este show, observaba desde el fondo del teatro el espectáculo. Él era el hombre encargado de las luces y la música. Cuando terminó el espectáculo sonoro, enérgico y colorido del charleston, Guarderas les dio 5 minutos de descanso.
En las butacas del auditorio, estaban Jorge Swett y Luis Félix López, ex presidente y actual presidente de la Casa de la Cultura del Guayas, respectivamente. Guarderas anunció con satisfacción la próxima coreografía, denominada Tangomás.
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En un ambiente de luz azul, seis siluetas de parejas empezaron a moverse al ritmo de las melodías de Astor Piazzola. Las bailarinas se apretaron a las caderas de sus compañeros en sensuales movimientos. Los presentes interrumpieron el silencio con aplausos. Esta mezcla de tango y ballet contó cinco historias de traición, pasión, amor y soledad –sin palabras– en una coreografía creada por Jaime Pinto.
Recordando el olvido fue la última coreografía. Luego de un viaje por los años veinte y un vistazo al cómplice baile del tango, le tocó el turno al pasillo. Sombras, Ángel de luz y El aguacate hicieron que el público le pusiera voz a las melodías. Los 24 años del Ballet Ecuatoriano de Cámara habían tocado la memoria de la audiencia antes del final, cerca de las 19h00.

















