Desde hace 126 años la Benemérita Sociedad de Beneficencia de Guayaquil mantiene escuelas, centro artesanal y dispensarios de salud en Guayaquil.

El 17 de mayo de 1878 un grupo de 16 damas de la sociedad Guayaquileña se unieron para formar una sociedad de ayuda a las viudas y los niños de escasos recursos de aquella época. Con ese compromiso formaron la primera entidad de ayuda benéfica de la ciudad.

Las damas cuidaban y entregaban alimentos y ropas a esas familias. Ellas no pertenecían a un grupo de familias muy acaudalada, pero su gesto se enmarcaba en la creencia de que Dios es caridad y por ello había que dar una parte de lo que tenían a los más desprotegidos.

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Esta entidad puso el ejemplo para que otras personas lo siguieran. Florinda Tamariz, vicepresidenta de la sociedad cuenta que con el paso de los años y a medida que Guayaquil fue cambiando y avanzando hacia el progreso, la labor social de la sociedad se encaminó hacia la educación y la salud.

Su nueva labor, según ella, ha llegado, a sitios donde además de necesidades económicas, hay muchos problemas familiares y, por ello, se ha tenido que trabajar en fortalecer la unión de sus miembros y el amor entre padres e hijos, señala la vicepresidenta.

María Auxiliadora Bejarano, presidenta de la Benemérita Sociedad, cuenta que en las escuelas y colegios de la sociedad los chicos no solo reciben conocimientos generales, sino, además,  bases religiosas y  orientación familiar para ellos y sus familiares, y cursos de alfabetización para los adultos.

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Ellas se sienten como una entidad representativa de la ciudad porque le han aportado miles de profesionales que ahora entregan lo aprendido a la sociedad.

Al momento la entidad cuenta con 92 voluntarias, algunas de ellas llevan más de 50 años trabajando en las actividades ahí. Desde que se creo esta entidad de ayuda su director ha sido el arzobispo de la ciudad. Actualmente la preside el arzobispo de Guayaquil, Antonio Arregui.

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En estos momentos se educan en sus planteles más de 6.000 niños de escasos recursos económicos”, señala María Auxiliadora Bejarano.

Ellos pagan el 25% de lo que nos cuesta la educación de cada alumno, el 75% proviene del 25% de la venta anual de la lotería de Guayaquil