Si no fuese por esta razón, por nada del mundo me alejaría de mi tierra natal:
Viajé el 30 de marzo del 2002 a Estados Unidos con mi hijo mayor, quien fue diagnosticado de Agammaglobulinemia Congénita de Bruton, mal que ataca a una de cada mil personas, específicamente de sexo masculino.

Esta terrible enfermedad no tiene cura pero sí tratamiento, y en nuestro Ecuador no contamos con la medicina inmunoglobulina para tratarla, y si la hay cuesta $ 3.000, ya que es importada.

Mi vástago, por sus infecciones severas, tenía que ser ingresado a una clínica y conseguírsele la inmunoglobulina; después  de pasar por un sinnúmero de operaciones (en la última lo desahuciaron) tomamos la decisión de traerlo a Miami, al Jackson Memorial, donde le proporcionan ayuda y nos dijeron que sí existen las inmunoglobulinas que se necesitan mes a mes, y que mientras se las reciba se lleva una vida casi normal.

Publicidad

Digo casi, porque fueron muchísimas las neumonías que él tuvo y eso hace que se agite y canse mucho. Gracias a los cuidados y sobre todo a Dios, mi hijo lleva una vida estable.

Desde hace dos años y más de dos meses que salimos de nuestro lindo Ecuador, no hemos vuelto a ver a nuestros otros dos hijos; ellos son deportistas: David fue un destacado voleibolista que perdió un brazo en un accidente y todos pensaron que nunca más volvería a jugar.

EL UNIVERSO, en 1997, lo invitó a participar en su cena de campeones, él actualmente es economista; y Susan, destacada basquetbolista activa, seleccionada de Guayas, recién graduada del colegio y actualmente goza de una media beca en una universidad particular de Guayaquil; ella está entrenando pues jugará en septiembre un partido importante.

Publicidad

Publicidad

Estoy agradecida de este país, Estados Unidos, que nos ha dado la mano. Solo por una razón así se justifica que una familia deba separarse. Hago un llamado a los ecuatorianos que emigran por cualquier cosa, sin saber el inmenso error que cometen al dejar sus hogares. Extraño a mi Ecuador y ruego a Dios todos los días para que su situación económica cambie, y puedan volver todos quienes dejan su tierra natal.

Azucena de González
Miami, EE.UU.