Pese a los abundantes elogios al ex presidente de EE.UU., Ronald Reagan, tras su fallecimiento, muchos en el país lo recuerdan como un derechista radical que favoreció a las grandes corporaciones y fue insensible a los más necesitados.

En América Latina, así como Reagan entendía el mundo como una lucha entre el bien y el mal, su muerte suscita ahora opiniones igual de polarizadas: unos lo glorifican por haber conjurado el comunismo, mientras que otros lo satanizan por las víctimas que causó su apoyo a regímenes de derecha en la región.

En EE.UU. la  comunidad homosexual estadounidense guarda rencor al ex presidente por su indiferencia ante la epidemia de sida que se inició durante su gobierno. Pese a ser advertido en 1982, Reagan tardó más de cinco años en mencionar públicamente la crisis del sida. Para entonces, unos 21.000 estadounidenses habían muerto y millares más habían sido contagiados.

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El duelo estadounidense deja además casi en el olvido el decisivo papel que Reagan jugó para que el derrocado dictador Saddam Hussein sobreviviera a la guerra de ocho  años que Iraq libró contra Irán, entre 1980 y 1988.

Reagan, decidido a liquidar a su archienemigo Irán, entregó a Saddam informes de inteligencia, helicópteros, equipos de alta tecnología cruciales para sus programas de armas de destrucción masiva, y cientos de millones de dólares, tal como recoge Kenneth Pollack en su reciente libro The Threatening Storm.

Esto se logró gracias a la labor de Donald Rumsfeld, en aquel entonces enviado de Reagan para Medio Oriente y hoy secretario de Defensa, aun cuando EE.UU. se declaró neutral en la guerra entre Bagdad y Teherán.

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En Latinoamérica
América Latina, sobre todo Centroamérica, fue para Reagan el campo de batalla de la Guerra Fría contra el comunismo, según expertos.

A espaldas del Congreso, Reagan financió –mediante la venta ilegal de armas a Irán– a los contras nicaragüenses para desestabilizar al gobierno sandinista, en una guerra civil que dejó más de 50.000 muertos y duró más de una década.

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Convencido en su lucha contra el comunismo, Reagan propuso soluciones militaristas en Centroamérica para aplastar a las guerrillas de El Salvador y Guatemala. Reagan también derrocó, en una invasión en 1983, al gobierno izquierdista de Bernard Coard en la isla de Granada.

Se calcula que unas 300.000 personas murieron durante los conflictos civiles en Centroamérica, casi la mitad de ellas durante los dos mandatos de Reagan.

Además, EE.UU. apoyó a Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas en 1982, a pesar del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un acuerdo firmado en 1947, que comprometía a los países americanos a tomar cualquier ataque extracontinental a un país como un ataque a todas las naciones del continente.

Ayer el féretro con los restos del ex presidente de EE.UU. llegó a Washington para recibir el homenaje oficial en una ceremonia que tiene el carácter de funeral de Estado y que se realiza con estrictas medidas de seguridad.

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