La renuncia del Ministro de Energía es una válvula de escape para bajar la presión que afecta la estabilidad del Gobierno, en estos días en que tiene tantas dificultades que provienen desde todos los frentes, motivados en gran parte por su propia ineptitud. Pero se trata solamente de una pasajera respiración artificial que permitirá una ligera oxigenación, pues la falta de aire puro sigue allí, sin que haya cercanas esperanzas de que la enfermedad desaparezca y de que el paciente se restablezca por completo.

Soy necio en insistir que los gobiernos en el Ecuador seguirán siendo inestables mientras existan regímenes impreparados y los ciudadanos no miremos a la ley y a la democracia como algo que se debe respetar a plenitud para que el país, como tal, genere confianza y haya más trabajo o mejor dicho más empleo, pues situaciones como la actual no estimulan ningún tipo de inversión, ni grande ni pequeña, sean nacionales o extranjeros los potenciales inversores. Los comerciantes, los industriales, los artesanos, los profesionales liberales, pueden dar fe de que los ingresos han bajado y de que la economía nacional se encuentra aquejada de un peligroso reumatismo que amenaza convertirse en una artritis crónica.

Claro que el gobierno del Coronel ha hecho méritos suficientes para tener al país al borde del abismo antidemocrático, pues los errores que ha cometido y sigue cometiendo –que han sido señalados continuamente por la prensa que cumple con su compromiso social pero de la cual el Presidente se lamenta porque el señalamiento de la realidad le afecta– han ocasionado la apertura de muchos horámenes en la estructura del régimen que son la expresión de sendos sectores políticos, sociales y gremiales que se oponen a su gobierno y que no quieren que el desbarajuste continúe.

Oportuno es puntualizar, no obstante lo antes dicho, que hay que pensar varias veces, muchas veces, antes de romper la democracia –lo cual jamás debería ocurrir– pero que, si al fin, el Coronel y su gobierno no funcionan a pesar de las ayudas ciudadanas y de la indulgencia popular, se debe buscar una salida legítima por medio de la sucesión constitucional, y de ninguna manera a través de un Presidente interino como ciertos políticos sugieren, pues eso no está en la Ley Suprema, al igual que no lo estaba cuando el país tuvo que aceptar, resignado, el dañino interinato de Alarcón.

Si el Coronel se ve obligado a dimitir –por el bien del país y por fuerza de las circunstancias– a quien le correspondería asumir es al Vicepresidente. Así dice la norma legal que debe ser cumplida. Nada de interinazgos ni de inventos creados ad-hoc.