Ayer, Martha Loja llegó a la morgue por tercera vez en menos de quince días. Se cumplía una semana de la muerte de Mercedes, su hermana, y de su cuñado, Marcelo Gutiérrez, y ya estaba de nuevo allí, para retirar el cadáver de su sobrino Álex Marcelo, de 15 años. Los tres resultaron heridos en el incendio que destruyó su casa el pasado 4 de abril.

Martha hizo a un lado las lágrimas. Según dijo, quienes le preocupan ahora son Steeven, de 11, y Kevin, de 12, los miembros más pequeños de la familia Gutiérrez Loja, que sobrevivieron a las llamas supuestamente originadas por la explosión de un cilindro de gas recién adquirido.

Desde que la noche de ese domingo el fuego arrasó la vivienda de cemento y madera, ubicada en la cooperativa Unidad Nacional de la Florida Norte, las vidas de ambos niños sufrieron un vuelco. Steeven debió postergar su retorno a la escuela, y Kevin, a su primer año de colegio. Sus padres y su hermano, con quemaduras de segundo y tercer grado en todo el cuerpo, fueron llevados al hospital Luis Vernaza.

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Mercedes falleció cuatro días después, horas antes que su esposo Marcelo. “Los niños tenían la esperanza de que su hermano mayor se iba a salvar y siempre preguntaban si ya estaba mejor”, recordó entre sollozos la abuela, Emilia Castro Briones.

Marcelo murió once días después de la tragedia. Sus hermanos menores, quienes ansiaban volver a la casa familiar junto a él, viven ahora con su tía paterna, Jesús Gutiérrez, en una casa del km 20 de la vía a Daule.

El fuego en el que murieron sus padres, su hermano, y su mascota, la perra Pechita, también afectó otras dos viviendas. “El pésimo estado de la vía hizo que los bomberos no pudieran entrar a tiempo”, dijo un vecino.

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Ahora, los familiares de las víctimas deben cubrir los gastos  en el hospital y por los funerales. “Esas criaturas se quedaron sin padres, sin casa y sin nada”, dijo Martha Loja. Solicitó ayuda, que la pueden efectuar a través de los Telf. 289-5500 y 225-0432.