Soy usuario desde hace cinco años del servicio celular que ofrece cierta empresa de telefonía, habiendo contratado originalmente un plan empresarial que incluía llamadas gratis por las noches y fines de semana, entre otras ventajas.
Durante ese tiempo, dicha compañía, a cuenta de utilizar el término emigrar, ha modificado arbitrariamente mi plan por cinco ocasiones o más, hasta que finalmente he quedado en un plan que incluye 100 minutos por $ 22, más impuestos.
En este período he presentado mis constantes reclamos por el deficiente servicio que se verifica en las frecuentes caídas de la señal, mensaje de porta beeper que nunca se recibieron, sobrefacturas por consumo, etcétera.
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Durante tres años me recargaron el costo de servicio de porta beeper, que en la práctica no tuvo ninguna utilidad, puesto que su operador casi nunca atendía cuando se llamaba a cierto número telefónico, y hoy, por decisión unilateral, me lo suprimen alegando que ahora este servicio solo se lo adquiere llamando a un teléfono celular.
Aproximadamente hace dos meses también suspendieron el servicio de información de minutos consumidos, que nos permitía un relativo control de consumo.
Ante la publicidad que han emprendido para ofrecer el cambio a la nueva tecnología, he insistido que me cambien el modelo de teléfono ajustándome a su propuesta de campaña y beneficiarme de ese novedoso servicio; sin embargo, esa empresa me ha respondido que para ello debo cambiarme nuevamente de plan y perder los derechos adquiridos originalmente.
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Esto es inaudito, reprochable, y para nada concuerda con el contenido de sus millonarias campañas publicitarias, demostrando el engaño hacia el consumidor.
Ing. Mario Villacís Pacheco
Guayaquil
















