El Evangelio de este domingo relata la curación de un sordomudo llevada a cabo por Jesús. No hace falta explicitar la gravedad de estas dolencias para cualquier ser humano que las padece, sobre todo cuando van unidas. La sordera nos aísla de los demás e igualmente la tartamudez que hace muy difícil dar a conocer lo que sentimos y pensamos.

Compadecidas de un hombre que sufría estos males, algunas personas se acercaron a Jesús que estaba de paso, y le pidieron que lo curara imponiéndole las manos. Accediendo a su petición, “Jesús apartándolo, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Luego, mirando al cielo suspiró y le dijo: “¡Efatá!”, es decir “¡Ábrete!” (Mc. 7, 32-34).

Los gestos que Jesús realizó eran los que en ese tiempo empleaban los curanderos. De esta manera se acomodaba a la costumbre popular.

Publicidad

El enfermo comenzó a hablar ante el asombro de los allí presentes, a los que el Maestro pidió que no lo contaran a nadie, pero mientras más les pedía, más lo proclamaban diciendo: “Todo lo hace bien. Hasta puede hacer que los sordos oigan y que los mudos hablen”. (Mc. 7, 35-37).

En el tiempo que vivimos, en este mundo globalizado y sonorizado fácilmente sufrimos de un tipo de sordera debido a la invasión de información proveniente de los medios de comunicación colectiva que se multiplican por doquier. Si no sabemos controlarlos y controlarnos, nos ensordecen y de la misma manera nos desconciertan por las frecuentes contradicciones de sus noticias.

Otras veces nos volvemos sordos por propia voluntad, como cuando sentimos que Dios nos está hablando para que tomemos una determinada decisión que si bien puede ser dolorosa, es la más conveniente para nuestro progreso espiritual.

Publicidad

Publicidad

Por último, en circunstancias en las que debemos expresarnos de viva voz, permanecemos mudos tal vez por cobardía o tal vez por indiferencia. El Señor quiere que a la vez que escuchemos Su Palabra liberadora allí donde se proclama, también, por nuestros propios labios, la demos a conocer a los que la ignoran.

¿Vamos a seguir siendo sordomudos por voluntad propia o buscaremos a Jesús para nuestra curación y así poder llevar su mensaje liberador a todos cuantos lo necesiten?