Las mujeres tienen más de 30 años en este oficio. Piden una mejora salarial y facilidades para realizar su trabajo.
Desde las 05h00 comienza diariamente su quehacer. Amada España se sumerge hasta la cintura en el río Quevedo con un pesado bulto de ropa ajena para lavar y así poder ganar el sustento diario.
“A veces estoy todo el día aquí; ya tengo en esto más de treinta años y el dolor de los huesos no lo soporto en las noches por el frío acumulado durante tantos años”, comenta España, de 55 años, que lava a veces hasta veinte docenas de ropa.
Con la piel tostada por el sol, y dura por soportar muchas veces lluvia y restregar las prendas, Amada junto a otra veintena de mujeres con las primeras luces del alba cruzan varias calles de la ciudad hasta llegar al río.
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Allí, a más de lavar mitigan sus penas entre conversaciones y chistes, o fumando un cigarro, para olvidar por momentos la crisis que afecta a sus hogares, que en la mayoría de los casos no tienen la presencia del jefe de hogar.
“Somos varias compañeras que todos los días nos encontramos en el río; ya tenemos nuestras piedras donde descargamos las tinas”, dice Lilia Muñoz, otra lavandera.
En muchas ocasiones el desayuno y almuerzo de estas mujeres es un pan con guineo y un trago de agua. “La crisis afecta a los más pobres y como algunas de las personas a quienes les lavamos, no nos pagan a tiempo, no tenemos para comprar los alimentos, señala Muñoz.
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Agrega que tiene dos hijos menores que mantener y aún no los ha matriculado en la escuela. “Mi esposo trabaja en labores agrícolas, pero no siempre tiene trabajo, y lo poco que gana no alcanza para mantenernos”, indica.
Pago por docena
Lavamos por docena, comenta Susana Valencia, quien dice que cobran 1 dólar por esta cantidad; “pero solo lavado, si es con planchado cuesta 2,50 la docena, queremos subir, pero nuestras “patronas” no quieren pagarnos unos centavos más, y tenemos que someternos por la necesidad”, indica.
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Natalia Murillo, quien lava en la orilla del río de la parroquia San Camilo, ubicada frente a Quevedo, pide que las autoridades municipales les mitigue el esfuerzo y construyan lavanderías populares que tengan dotación de agua permanente.
ROPA
LOS BARRIOS
La mayoría de las mujeres lavanderas vive en los barrios: Galo Plaza, Diez de Agosto, Veinte de Febrero, Venus del Río Quevedo, Nicolás Infante Díaz, El Desquite, El Pantano, La Isla y Los Chapulos.
CAMINATAS
Por esta razón muchas de ellas tienen que caminar hasta cinco kilómetros con las tinas llenas de ropas en sus cabezas desde sus casas hasta el río.
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EDADES
El promedio de edad de las mujeres que se dedican a este oficio es de 35 a 60 años.















