Trabajar honestamente y vivir en forma digna son dos derechos innegables de cualquier persona, pero es una lástima que esto lo conviertan en excusas para atentar contra el ornato ciudadano.

Me refiero al hecho de escoger un espacio de la calle para instalar cualquier tipo de comercio, aunque sea prohibido, o para emigrar a la urbe e invadir terrenos en condiciones no apropiadas y con riegos a sufrir accidentes por deslaves de tierra, inundaciones, etcétera.

Guayaquil es una ciudad pujante pero adolece de dos problemas: comercio informal e invasiones. Ambos males confluyen en un mismo final, su crecimiento desordenado.
Galo Gabriel Benites Mendoza
Guayaquil