El centro de abastos con capacidad para 250 vendedores de víveres está recién remodelado y aún en su interior existe confusión entre los inquilinos por la asignación de los puestos, pero sienten optimismo de que el local brinde comodidad a los usuarios.
Quinde es una de las comerciantes que llegaron hace 19 años a esta plaza, que era conocida como de Las Almas y donde se come ‘bandera’ los fines de semana durante la noche.
Ahora, como testigo de los cambios, se refiere a la infraestructura moderna y nuevos servicios higiénicos que dejan atrás el muladar y la inmundicia que se vivía en el transcurso de la jornada laboral.
Publicidad
Su memoria registra recuerdos como ratoneras, escaparates donde los mendigos convivían en medio de la basura y los hacinamientos de los desechos que permanecían durante horas despidiendo malos olores que contaminaban el sector algunas cuadras a la redonda y ocasionaban insalubridad por la proliferación de insectos.
Las modificaciones, sujetas a reglas de limpieza y ornato, le preocupan porque está consciente de que deberá someterse a ellas si permanece en el sitio.
Lo único que añoran Quinde y Seme es la gratuidad de la instalación, ya que desde el próximo trimestre deberán pagar entre 13 a 15 dólares por ocupar el puesto asignado por las direcciones de Mercado y Aseo Urbano de la Municipalidad.













