Domingo 16 de marzo del 2003 El País

Los Llanganates y el tesoro escondido de Atahualpa

Luis Rosero, Redactor | PÍLLARO, TUNGURAHUA

Para llegar al parque, las personas deben caminar durante tres días entre bajas temperaturas.

Las 219.707 hectáreas que tiene el parque nacional Llanganates siempre están cubiertas por un velo de misterio que se remonta a la época de la Conquista española en América.

Así es el lugar. Un sitio inhóspito para el ser humano pero lleno de historia y con una gran biodiversidad, cuya mayoría de animales está en peligro de extinción.

Juan Chicaiza, de 73 años y morador de la parroquia San José de Poaló, aún recuerda la historia del tesoro escondido de Atahualpa.

“Mi bisabuelo siempre nos contaba cuando el general Rumiñahui decidió ir a los Llanganates a esconder el oro. Nadie sabe dónde está, nadie”, manifestó.

La historia nace en la Conquista española. En 1532, cuando Atahualpa es secuestrado en Cajamarca, él ofreció pagar un cuarto lleno de oro para recuperar su libertad.

El encargado de recopilar el metal fue Rumiñahui, quien pagó parte del rescate y al enterarse de la muerte del caudillo inca, escondió el resto.

Chicaiza no recuerda esos detalles de la historia, solo lo que su bisabuelo le contó.

“Nos dijo que los indígenas, en esa época, desviaron el río Milín para aprovechar las aguas y sembrar. Cuando Rumiñahui llegó con el oro, ocultó a las mujeres en las casas y destruyó la represa para inundar el camino y así evitar que los españoles cruzaran”, dijo.

Luego emprendió el camino hacia los Llanganates para esconder el oro.

Los moradores de San José de Poaló aseguraron que la cumbre más alta tiene 4.571 metros sobre el nivel del mar (msnm), donde existe un cráter que está lleno de agua y es allí donde está el tesoro.

La cordillera era una de las vías de comunicación y comercio más antiguas y estratégicas que existieron entre las hoyas interandinas y la Amazonia, como lo demuestran los hallazgos arqueológicos.

El nombre Llanganates proviene de la voz quichua llanganati o cerro hermoso. Los antiguos habitantes la bautizaron así por la apariencia de las cumbres cuando el sol de la tarde las ilumina.

Expediciones
Miguel Álvarez, también morador de San José de Poaló, dijo que fracasaron todas las expediciones que intentaron hallar el oro de Atahualpa, oculto en los Llanganates.

“Por acá llegaron estadounidenses, franceses, italianos y todo tipo de extranjeros, pero no lograron el objetivo”, expresó.

Sin embargo, Edwin Cortez, alcalde de Píllaro, aseguró que hace 30 años una expedición de estadounidenses llevó enormes cajas vacías a los Llanganates.

“Nadie sabe con qué regresaron, si eran plantas, animales o el tesoro de Atahualpa, es un misterio”, expresó.

Álvarez no conocía de esa versión, a pesar que todas las excursiones siempre salieron de San José de Poaló.

“Sí le puedo asegurar que muchas de las personas que fueron con la idea de hallar el tesoro fallecieron en el intento.

Algunas están enterradas allá, en las montañas”, dijo.

Carlos Ruiz, quien también vive en San José de Poaló, indicó que el camino para llegar al parque no es fácil.

Antes, recordó, eran entre doce a quince días de recorrido solo para llegar y el mismo tiempo para regresar, “la gente se quejaba y aún lo hace del frío. Llovía todo el día y la cima está cubierta con neblina”.

Ruiz indicó que ahora existe una vía, en pésimo estado, que se inicia en San José de Poaló y llega hasta el río Milín, “solo los vehículos 4x4 pueden circular por el lugar”.

De allí, dijo, las personas deben iniciar el recorrido a pie o a caballo durante tres días, “no es fácil, las condiciones climáticas son extremas y eso hizo fracasar a la mayoría de las expediciones”.

Por el trayecto, señaló Ruiz, la gente debe acampar en sitios seguros. “No puede ser en cualquier parte porque pueden suceder deslizamientos o ser atacados por animales”.

En San José de Poaló existen guías experimentados que por 100 dólares o más pueden llevar a las personas, con espíritu de aventura, hasta los Llanganates.

El parque
La topografía del parque nacional Llanganates es irregular, con grandes pendientes donde dominan los afloramientos de inmensas paredes rocosas.

Está dividida en dos zonas: occidental y oriental.

La primera comprende el embalse de Pisayambo y la laguna El Mirador.

La segunda es el área montañosa de Habitagua, que posee un ecosistema que presenta rica biodiversidad de la alta amazonia, donde se presume existen saladeros de loros y otras aves orientales.
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