El encuentro convocado por el Gobierno, comenta Leonardo Garnier, ex ministro de Planificación de Costa Rica, debe analizarse como un evento dentro de un proceso de más largo plazo.

“No es un instrumento de planificación sino una especie de caja de resonancia para que el Gobierno sintonice las expectativas de la población; el diálogo no es una eventualidad”. Garnier es uno de los expertos que participa en la cita.

Pregunta: ¿Qué condiciones deben cumplirse para un diálogo efectivo?
Respuesta: En el caso de Ecuador, cuando uno viene de afuera, tal vez lo que más llama la atención es lo fragmentada que es la sociedad. El gran reto de la democracia es cómo construir un ideal de país y un futuro común a pesar de las diferencias.

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P: En una sociedad fragmentada, ¿es posible o no que este encuentro permita alcanzar acuerdos?
R: Hay, primero, que lograr un espacio para la confianza entre los distintos sectores. Si uno logra pasar a una situación en donde la gente entiende, a pesar de las diferencias, es más ventajoso trabajar en conjunto, será un buen paso.

P: ¿Es utópico pensar, entonces, que esta cita nacional pueda generar un consenso sobre el cual el Gobierno planifique sus políticas?
R: Puede sonar muy idealista. Me parece que la metodología tiene como propósito permitir que la gente discuta sobre temas específicos. Que al discutir el proyecto anticorrupción, la gente logre hablar de lo mismo. Es razonable que exista escepticismo frente a la propuesta de diálogo, por la situación económica que atraviesa el país, porque en la alianza política que sostiene al Gobierno las partes se están conociendo.

P: ¿Un proceso de este tipo garantiza, necesariamente, más gobernabilidad?
R: Creo que sí, igual tiene riesgos. Estas cosas levantan las expectativas y si uno no las satisface, de alguna manera se incrementan las frustraciones. Cómo hacer para que las decisiones políticas alimenten esa esperanza y no la minen; ahí hay responsabilidad del Gobierno, de las organizaciones, de los partidos políticos.