España, Irlanda, Luxemburgo, Italia, Holanda, Finlandia, Dinamarca, Grecia, Suecia, Bélgica, Austria y Portugal, liderados por Francia y Alemania, respaldan que la ONU extienda el plazo para la labor de los inspectores de armas en el territorio iraquí y rechazan una intervención bélica unilateral de los Estados Unidos.
A los esfuerzos europeos se unen hoy los de los gobiernos del Medio Oriente que analizarán nuevas acciones diplomáticas para evitar que las Naciones Unidas, cuyo enviado en Bagdad parece cada vez más alineado a la postura estadounidense, apruebe una nueva guerra en el Golfo Pérsico. A excepción de Israel, los países de la región son de población árabe y mayoría musulmana y consideran que una agresión a cualquiera de esos estados (Iraq) será interpretada como una agresión a toda la región.
Además, gobiernos tradicionalmente aliados a EE.UU., como Arabia Saudita y Egipto, donde actúan los movimientos extremistas más agresivos de la región, temen que las agrupaciones islamistas intensifiquen sus atentados contra blancos extranjeros, especialmente estadounidenses como una forma de represalia.
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Al parecer los esfuerzos de Francia, Alemania y la Liga Árabe (que agrupa a los países árabes de Medio Oriente) no bastarán para evitar la guerra contra Iraq.
En Moscú, fuentes militares rusas dijeron que las fuerzas armadas de su país obtuvieron información de que Estados Unidos y sus aliados (Gran Bretaña), ya han tomado la decisión de lanzar acciones militares en Iraq a partir de mediados de febrero.
Estados Unidos acusa al régimen iraquí de Saddam Hussein de ocultar armas de destrucción masiva y lo considera como una amenaza a la seguridad de su país y de “todos los estados democráticos”.

















