Washington Campoverde (i), Laura Macías y Julio Jaime expresaron su rechazo a la expropiación de los inmuebles.

La tristeza por un futuro incierto, sin tener dónde vivir, se evidenció en los rostros de los esposos Marcelino Hernández y María de Hernández, dos ancianos de más de 80 años, quienes deben desocupar su casa, situada en la calle Manabí y Seis de Marzo, por cuanto será demolida por la Municipalidad de Guayaquil.

Cuatro manzanas, ubicadas en el perímetro de las calles  Pío Montúfar, Franco Dávila, Seis de Marzo y Huancavilca, fueron expropiadas por el Concejo Cantonal para construir allí un centro comercial que albergue a los vendedores informales.

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Los propietarios e inquilinos de las casas afectadas por la resolución no están de acuerdo, sin embargo, la Municipalidad ya les notificó que tienen plazo hasta mañana para desocupar los inmuebles, que serán demolidos.

La zona parece un pueblo fantasma, donde los perros se disputan los restos de comida entreverados con la basura que arrojan los moradores que aún permanecen en las casas.

Varias viviendas situadas en las calles Franco Dávila y Seis de Marzo ya están vacías y sin puertas ni ventanas. Aquí solo falta la intervención de las cuadrillas municipales de demolición.

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Otros vecinos se resisten a dejar los inmuebles y anunciaron que no se irán y que defenderán con sus vidas sus propiedades. Algunos, en cambio, solo piden un poco más de tiempo, ya que aún no consiguen otro lugar donde vivir.

Julio Arroyave, dueño de una casa situada en la calle Manabí y Seis de Marzo, dentro del perímetro de viviendas expropiadas, dijo que la Municipalidad solo le quiere pagar siete mil dólares por el inmueble. “Mi casa vale mucho más y lo peor es que no tengo otro sitio donde instalar mi taller mecánico”.

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Denunció que con la decisión municipal se violaron sus derechos constitucionales al trabajo,  propiedad y la libre movilización. “Nos encerraron con mallas como a perros o vulgares delincuentes. Se violó la Constitución Política del Estado y las leyes ecuatorianas, lo que a pocos parece importar. Aquí seguiremos, resistiremos y solo muertos podrán sacarnos”, dijo.

Carlos Tipán, Laura Macías y Washington Campoverde se unieron a los reclamos por la resolución municipal.

Mientras tanto, en la calle Franco Dávila los sentimientos de angustia por la anunciada demolición de las casas son notorios en los rostros y expresiones de Iván Pallasco, Jorge Yánez, Walter Aguirre y Pedro López, quienes esperan que se les extienda hasta enero del 2003 el plazo para desocupar los inmuebles.